 Amanecemos en el Parador de Antequera, en nuestra estupenda habitación 205. Madrugamos para bajar a desayunar a las ocho, según abren. Huevos fritos, fruta y cafelito. Pagamos (Raquel se ofrece a pagar ella el alojamiento y yo no digo que no... jejeje) y acoplamos los bultos en el coche para salir pitando hacia el siguiente destino, el Rincón de la Victoria. Yo sé que Raquel se ha quedado con las ganas de visitar el Torcal de Antequera (quizás para que nadie le diga "¿habéis estado en Antequera y no habéis visitado el Torcal?"), así que incorporo esa visita en nuestra ruta, que, además, apenas nos desvía de la ruta. El Torcal es una formación kárstica muy espectacular. En el centro de visitantes nos encontramos con una algarabía infantil inesperada: varios autobuses de colegios han descargado niñas y niños que guiados por sus profes y monitores suponemos que caminarán por los senderos del lugar. Nosotros nos limitamos a recorrer un corto sendero que nos lleva a un mirador grandioso, desde el que se ve todo el valle a sus pies, en donde se alzan las casas de Villanueva de la Concepción. En el mirador tiro fotos; incluso saco fotos con mucho zoom a unas cabras montesas que se yerguen con elegancia sobre las peñas. Todo ello rapidito, para continuar viaje hacia el Rincón. Llegamos sobre las once y media. La inmobiliaria nos ha dejado las llaves en un candado de ésos que están tan de moda para acceder a los pisos turísticos. El apartamento es un piso. Salón con terraza acristalada, tres habitaciones y dos baños. La primera impresión es floja, y para colmo en el paseo de la playa están de obras a tope, alicatando el paseo con losas de piedra. Así que mucho ruido que no nos esperábamos. Para colmo el aparato de aire acondicionado del salón se niega funcionar; por suerte, tras muchos intentos Raquel logra que arranque y funcione normalmente. A la inmobiliaria la hemos dado un poco la tabarra, primero con la queja por el ruido y después con lo del aparato. Una vez asimilados los contratiempos nos preparamos adecuadamente y nos vamos de compras de víveres a un Mercadona que hay cerquita. Y compramos de casi todo, con la idea de comer en el piso y disfrutar de la playa etc. Dicho y hecho, pero a medias, o a líquidas. Que si una cerveza, que si una botella de Barbadillo, que si más cervezas, que si unos petas. En fin, una tarde espléndida. |