 Arrancamos el día acercándonos al pueblo, con la idea de hacer unas compras y comer en el Limonero. Aparco el coche más arriba de la plaza del mercadillo y bajamos hasta la calle principal. En la iglesia se cuece una boda, por lo que rápidamente nos buscamos una buena mesa, con buena vista, para disfrutar del pase de modelos. Yo aprovecho para sacar mi parte de la pasta del alquiler del cortijo: 750 euros. Cuando se van los invitados y los novios, nos vamos también nosotros. Por el camino del Limonero hacemos paradita rápida en el Molino Viejo, que aún no habíamos visitado. Una cañita y a comer. En el Limonero nos acomodan en nuestra mesa habitual. Nos atiende la muchacha, que ha resultado ser hija del jefe, del argentino. Comemos en plan suave: - Croquetas - Ensalada de tomate con calamar - Tartar de atún Para que Raquel no sude, me acerco yo a por el coche mientras ella se trisca un gintoni, jejeje. Y el resto del día cortijo que te crió. |