 Era de esperar: el plan para hoy, el que hicimos alrededor de una mesa saturada de botellines de cerveza vacíos, el que nos ubicaba en nuestra casa degustando la lubina y unas anchoas que aportaría Esther y algún vinito rico, se ha ido al traste, nuestros cuerpos apenas logran mantenerse en pie, apenas son nuestras mentes capaces de articular un pensamiento positivo, nuestros pulmones se expanden y contraen al son de un resuello espasmódico. Todo lo anterior se puede resumir en un «pues menos mal». Este miércoles ha despuntado en el ranking de «el día más caluroso de todos los días». Se han alcanzado máximas de 45º, en Loja por ejemplo; en Bilbao hemos llegado a los 40º o 41º. Así que el clima pedía a gritos un encierro casero en el que buscar refugio y en el que desplegar todas las estrategias que están a nuestro alcance: persianas bajadas, ventanas cerradas, ventiladores de techo funcionando sin pausa y aparato de aire acondicionado arrancando en los momentos en los que la temperatura comenzaba a ser levemente soportable. Y sin asomar el morro fuera; salir a la terraza era un riesgo que mejor no asumir, jajaja. Menú. De entrante una ensalada de lechuga y cebolleta. De plato fuerte, lubina al horno con sofrito de ajos y cayenas. Una maravilla. La lubina perfecta tras 20 minutos en el horno a unos 190º aprox. Lo de hornear peces cada vez me parece una opción mejor, sencilla y limpia, y apetitosa, y que admite diferentes variantes en cuanto los posibles acompañamientos. El resto del día vagueando a lo grande. Raquel hasta las seis y pico en el cuarto, viendo tele y dormitando. Yo en el salón, alternando butaca, PC y móvil. Para la cena, a propuesta de Raquel, preparo un plato en el que combinar dos huevos levemente cocidos, unos cherries a la sartén, un buen puñado de requesón y media lata de bonito del norte del LIDL; una delicia, una cena fetén, jeje. Y en la cama terminamos de ver el último capítulo de la serie sueca MASA, o MASE, o algo así (voy a investigarlo).
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