El sábado que se cubrió de nubes y lluvia
sábado, 12 de agosto de 2023

No estaba previsto, ha sido un latigazo de oportunidad. En un primer asalto Raquel ha sugerido que le apetecía ir a dar una vuelta por el IKEA, cogiendo el metro hasta el BEC, y a mí me ha parecido una propuesta apetecible, el día era luminoso y teníamos todo el sábado para nosotros. Para rematar el plan dice Raquel «¿y si compramos un pollo asado en el GozoGozo?»; perfecto, así no me tocaba ni cocinar ni fregar.
A medida que avanzaba la preparación para la salida la solución para el acercamiento ha sido puesta en solfa, Raquel ha dicho «¿y si vamos en coche? por si nos apetece comprar algo...»; «mucho mejor», he pensado, no vas a comparar.
Así que a eso de las diez y media salimos de casa con el objetivo puesto en el IKEA de Baracaldo.
En el aparcamiento subterráneo lucían muchas luces verdes; mucho mejor, poca gente, menos trajín de gentes y carritos.
Nuestras miras estaban puestas de modo prioritario en recorrer con detenimiento la zona de sillas, ya que llevamos tiempo deseando sustituir las de la mesa de comer, que están bastante machacadas. Y hete aquí que... ¡¡¡eureka!!! un modelo de reciente incorporación nos ha encantado, perfecto, plenamente ajustado a nuestros parámetros: de madera, sufridas, sencillas, de respaldo bajo; perfectas. Para más INRI el precio: 59€ con un 10% de descuento -esto hace que se queden en 53,1€-.
Pues ni cortos ni perezosos hacemos acopio de 5 ejemplares, 4 para la mesa de comer y una para reemplazar a la silla verde que lleva varios años plantada ante mi PC y que está demasiado trotada la pobre -y que conste que me da pena darla de baja, así que ya se verá cuál es su destino-. Además de las sillas he aprovechado para comprar por 3€ una balda blanca de 20x60 para mejorar el soporte del PC.
Con todo ello acomodado en el maletero del coche, regresamos a casa.
Tras subir las sillas y dejar el coche en su lugar de reposo, nos disponemos al montaje.
El caso es que tras montar la primera unidad -y quedar plenamente satisfechos- nos parece gran idea bajar a echar unas cañas por el barrio con la Tata y la tía Terín. En el Extremeño están todas las mesas ocupadas, pero, como llevamos una mujer anciana y renqueante, unos amables ciudadanos nos prestan su mesa en un acto de inusitada caridad. Un par de tercios y unos champis que nos prepara Karim y a recoger el pollo que había encargado para las dos y media. Son las 14.29 cuando me planto en la barra del GozoGozo; como un clavo, fiel a mi estilo. Y cada uno a su casa.
Con el aire acondicionado a toda caña en casa daba gusto estar, no como en la calle, en donde el bochorno cubría de una fina pátina de sudor mi apolíneo cuerpo. Y después de dar cuenta del pollo y de que Raquel se apalancara en la cama a ver la tele y descansar, yo me dispongo a montar las 4 sillas que aún reposaban en sus lindas cajas de cartón con forma de hache minúscula -h-.
Sin darme una pausa bajo todos los cartones a la basura y las 4 sillas obsoletas -éstas fijo que no han durado ni un suspiro, ahí, junto a los contenedores de colores-.
Listo, las sillas alrededor de la mesa redonda quedan como anillo al dedo:
¡¡¡somos unos hachas del interiorismo!!!.

El resto de la tarde descansar y mariconeamientos varios.
Un día productivo que ha terminado sumido entre las nubes bajas y la lluvia pertinaz; una maravilla este Bilbao de nuestra vida.

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© Zalberto | enero - 2026