Hoy me he puesto manos a la obra con el goteo del grifo del lavabo. Las expectativas eran bajas, ya que al ser un grifo empotrado no se puede recurrir a la solución más fácil: cambiar el grifo. En este caso la reparación pasa por desmontar el mando del agua fría y una vez hecho esto buscar la opción más evidente; pero para ello hay que triunfar en el desmontaje. Pues no ha habido suerte. El tornillo que hay que desenroscar para poder retirar el mecanismo interior no ha sido posible aflojarlo; y tampoco me he podido cebar en hacer variados intentos, ya que a cada intento la muesca del tornillo, de cruz, se iba desgastando más y más, y se corre el peligro de que no haya manera de desmontarlo nunca. En ese punto me he quedado bloqueado: hay que recurrir a un fontanero profesional; y que dios nos coja confesados. Lo curioso del caso es que al darme por vencido en mis intentos y volver a colocar todo en su lugar, y dar paso al agua desde la llave general, el grifo apenas goteaba ¡¡¡!!!. Bueno, ha sido un consuelo, y ya no sentimos tanta angustia ni tanta urgencia para continuar con el problema. Hemos decidido aplazar hasta primeros de setiembre, cuando toda la peña ha regresado de sus vacaciones, para buscar ayuda profesional. Así que el tema queda pendiente; sigue siendo bastante urgente, pero no demasiado. Veremos. |