 Un domingo prácticamente perfecto. Hay planes y hay planes, pero lo cierto es que para nosotros lo dificultoso es lograr una conjunción armoniosa entre nuestros respectivos afanes y disfrutes; y en este día luminoso el encaje de un paseo entre las obras escultóricas de Picasso y un comer pizza en una pizzería al uso, ha resultado en verdad sencillo; sí, y con mucha armonía. Caminando por las calles del Ensanche bilbaino, por la calle Henao, por Heros, por Alameda Recalde, por Barraincua, para llegar al museo sin prisa, con el objetivo enfocado en uno una pizzería de la calle Barraincua que Raquel había echado el ojo en la Red, pero que no nos llenó, nos pareció un local angosto, oscuro y caluroso, que no, vamos. Antes de entrar a ver la expo de Picasso nos refrigeramos con una caña gorda y un pincho en la terraza de la cafetería del Guggen, la que me gusta. Un leve contratiempo, más psicológico que real: había olvidado el carnet de Amigo del Museo de Raquel en casa; una bobada total, en el mostrador del despacho de entradas nos proporcionan una mostrando sencillamente nuestros datos; y entramos. Directos a la planta 2ª, donde exponen las obras escultóricas del chaval malagueño: una gozada total. La exposición está muy bien montada, muy cómoda de ver. Raquel localiza en la web del museo los audios para seguir las explicaciones como si lleváramos una audioguía; igual o mejor. Lo guay de ser socios es que uno no siente la presión de apurar la visita como si hubiera abonado la entrada, ya que sabes que puedes volver cualquier otro día y sin más. Salimos al sol, cruzamos la ría por el puente Calatrava y nos vamos hacia la Plaza del Gas, donde Raquel había localizado otra pizzería que tenía buena pinta. Lo cierto es que dándole vueltas al sitio, he recordado que en una ocasión comimos en esa plaza, en el Kokken, un restaurante de rollete moderno, y que justo el local de al lado era una pizzería que tenía mucho movimiento... jajaja, la que resultó ser. Pizzería Trozo, calle Quintana, que lo de la Plaza del Gas ya quedó en el pasado. nº5. El local abría a la una y media y aún faltaba casi una hora, así que lo suyo era hacer tiempo echando un pote en alguna de las terrazas de por allá; cosa que hicimos, en la de la esquina, en la del bar que el dueño se despierta por las mañanas de mala leche y se acuesta por las noches de mala hostia, un crack jajaja. Un par de blancos y a comer. Una pizza en dos sabores: medio círculo de la Caprichosa y el otro medio de la nº9. Bueno, tampoco como para tirar cohetes; habrá que probar las pizzas de la famosísima pizzería de la calle San Francisco, pero teniendo en cuenta que hablan maravillas los alegres divorciados y la parejita de la Peña... habrá que ver, a la Tata y a Jorge les pierde ir a la Pizzería de la Oca Nicolasa, que las hace bien cargadas de queso y con la masa esponjosa, ya sabes, tipo Telepizza... es lo que hay... Y después de pizzear regresamos a casa poco a poco, echando un par de potes más en el Zuga y en Solokoetxe, en el Bar Maite. Y a casa, que ya estamos a puntito de pedete feroz. Muy bien hecho chavales. Descanso, cena suave, a base de tortilla francesa con un pedazo de queso fresco, y a la cama a continuar viendo la serie hindú, que esa noche la dejamos a falta del último capítulo. Un día estupendo; demasiado alcohol, eso sí, pero es que llevamos un carrerón... |