Soncillo, bacalao y la Rebe
viernes, 06 de octubre de 2023

Viernes. Raquel está muy metida en sus asuntos de coordinadora, todos los temas están muy candentes y se entrega sin cortapisas a sus multis y a sus mails; mientras yo...
Disfruto de una mañana de viernes de las buenas, de las que se disfrutan de verdad.
Tras el cafelito y las tostadas con guacamole del Mercadona, me instalo en la cocina del pueblo y me dispongo a preparar unas elaboraciones culinarias de ésas que absorben mucho tiempo y un poco menos de esfuerzo: salsa de tomate y pimientos asados. Con ambas elaboraciones vamos a cubrir los menús del día: bacalao desalado sobre tomate y acompañado de pimientos asados. Un par de horas entre una cosa y otra. La salsa de tomate requiere pochar lentamente bien de cebolla finamente picada; y al cabo de ese mucho rato añadir una lata pequeña de tomate triturado y las especias y condimentos al gusto, en este caso se espolvoreó pimienta negra, azúcar moreno, orégano seco, pimentón dulce y un par de cayenas bien picadas. La cebolla casi la hora pochando.
Al tiempo que se hace la cebolla voy calentando el horno a 200º. He untado en aceite tres hermosos pimientos rojos y los he colocado primorosamente sobre una bandeja desechable de aluminio, y al horno. Durante veinte minutos por un lado, y durante unos diez por el otro; me parecía tiempo suficiente ya que iban cogiendo aquí y allá el color de lo quemadillo, pero más tarde, al ponerme con la tarea del pele y comprobar que no salían las pieles con la debida facilidad, me percaté de que hubiera sido más sensato respetar los veinte minutos por cada cara, incluso algo más; de todos modos los pimientos estaban ricos ricos.
A todo esto, durante esas horas de cocineo mañanero el Indalecio ha dado mil vueltas de aquí allá, saliendo, entrando, subiendo a la ventana del dormitorio, a la ventana de la cocina, al tejadillo del portal, pidiendo algo de picar, pidiendo mimos y atenciones, con esa carita de felicidad que se le pone cuando está feliz y contento; creo que el chaval ha pasado una muy buena mañana. Todo esto mientras Raquel trabaja en el salón y el plan de subir a Soncillo se acerca a su hora de ejecución: antes de que cierren los negocios.
Son la una y pico cuando salimos hacia Soncillo. El bar de los vermús está cerrado por vacaciones; da igual. Compro tabaco y vino en el estanco. Raquel multitrabaja desde el Desván, saboreando un par de empanadillas; yo hago lo propio con una empanadilla y una cerveza. Cuando Raquel cierra el negocio nos sentamos en la terraza del hotel a tomar un par de Riberas y unas patatas fritas y aceitunas, mientras nos rondan gatitas y gatitos de colores. Un día espléndido, luminoso, agradable la temperatura, tranquilidad en el ambiente.
De regreso a casa preparo el bacalao, vaporizándolo en una cazuela con el utensilio desplegable que sirve para precisamente ese uso. El resultado del cocineo es de diez. Nos cepillamos un par de botellas de caldos, una de blanco y la de tinto que he comprado en Soncillo. El nivel de pedete es moderado y para no liarla más nos acostamos a echar una siestecilla viendo un poco de tele. Y a esperar a que llegue Rebeca, que va a quedarse a dormir esta noche, para mañana irse de jarana a Medina con sus amiguetes...
Son casi las nueve cuando llega la Rebe. He preparado una tortilla de patatas, bastante floja en esta ocasión. Cenamos, nos triscamos una botella de tinto y cada uno a lo suyo: nosotros a la cama y la Rebe a tomarse unos algos en la piscina con sus colegas del pueblo (parece ser que se ha acostado a las tres o así).
Un día guay. Mis molestias inguinales siguen en su máximo apogeo y no me queda otra que contener las ganas de salir a caminar si no quiero sufrir otro episodio como el del día que subía Paño y que ni sé cómo logré regresar; eso no me lo puedo permitir, fue demasiado doloroso, además de innecesario. En fin, ya pasará.
¿Indi? Cada día más mejor, más feliz, más familiar. En el pueblo disfruta de la libertad de salir y entrar, y eso para él es lo más parecido a la felicidad, jeje. Le quiero bastante.

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© Zalberto | enero - 2026