 Me gusta estar en casa, en Santutxu, en El Palomar. Esta pasada noche he gozado repantigado en nuestra cama, viendo la tele, mecido por el airecillo del ventilador. El Indi está en plan dramático, desde que comenzamos a recoger los bártulos en el pueblo, pasando por el pisotón en la cocina, el mareo tremendo del viaje, y el retorno al pequeño mundo de nuestro ático, su estado de ánimo se ha vuelto tristón, melancólico, nos rehúye discretamente y se hace la víctima desprotegida; y nosotros venga a hacerle mimos, a darle sus comiditas favoritas, todas sus cosas; pero nada, a última hora de la tarde he conseguido que se apalanque junto a mí en la butaca y parece que se va serenando, aunque me fio poco.
El día lo he llenado de las cosas cotidianas, excepto la visita al ambulatorio de Sani para la cita con mi médico (en esta visita estaba Libe, una residente que comparte consulta con Leticia). Al salir del ambulatorio he subido a casa de Sani a ver cómo de bien ha quedado el cambio de patas del escritorio de los tres cajoncitos; y tengo que reconocer que está de cine. Ahora sólo falta construir una silla de rollo japonés como Tachón desea, y yo me lo apunto. A primera hora compras básicas en BM y frutería. De regreso de la visita médica (ver enlace) me he dedicado a coladas de sábanas y ropas, a preparar comida, vainas y pechugas de pollo rebozadas, y a descansar en mi butaca.
A Raquel a media tarde le ha picado el gusanillo y se ha largado a dar un voltio por el centro; ah, ya lo olvidaba: este mediodía ha visitado a Terín y ha terminado de cañas con Nerea y Esther; de esas cañas ha salido una quedada en Barrica/Barrika el sábado 21.
El tiempo es otoñal y cálido. Durante la tarde ha estado lloviendo suavemente y se ha levantado un aire en condiciones. |