.jpg) Día cacereño al completo; ya se me puede considerar un genuino "Catovi", un cacereño de toda la vida. Jeje. He amanecido ligeramente jodidillo, consecuencia de una cena intensa, del vino y del gintoni; pero lentamente me he ido recuperando, que es lo suyo. La recuperación casi siempre pasa indefectiblemente por una visita satisfactoria al Dr. Roca, un galeno de larga y profunda experiencia. A las 10:30 teníamos reservado plaza para una visita en un Free Tour. La visita comenzaba en la plaza de la Concatedral, y allí nos presentamos como debes ser: un ratillo antes de la hora. La guía, Verónica, es una Catovi de las auténticas, con todos los atributos pertinentes; muy simpática y con un discurso muy enfocado al conocimiento y al entretenimiento a partes iguales. Con la Vero recorremos calles, callejuelas, cuestas y escaleras por la zona noble de la ciudad. Nos pone al día de lo actual, como por ejemplo del proyecto de mina de litio australiana o el de la construcción de un Buda gigante fruto de la amistad nepal-cáceres, algo insólito. Y, por supuesto, nos sumerge en las vicisitudes de la ciudad en los profundos océanos de la historia, y la prehistoria (pte búsqueda de información acerca de la cueva de Maltravieso, donde se han encontrado pinturas atribuibles a los neardentales). La visita nos deja satisfechos intelectualmente, pero hambrientos y sedientos corporalmente; así que nos encaminamos hacia el restaurante donde Raquel había hecho una reserva, al Borona Bistró. Caña previa en la terraza del Café Centro, disfrutando del sol y sombra; porque he de anotar que el día estuvo oscilando entre la llovizna fresquita y el resolete agradable, un día otoñal cien por cien. Borona Bistró. La oferta es de menú cerrado. Tienen tres opciones, las tres con la posibilidad de maridaje; nosotros optamos por la más económica, con maridaje jeje. La experiencia ha sido de diez, todo exquisito. El chef sale a socializar con nosotros; nos confiesa ser fan del Kate Zaharra y de Eneko Atxa. Los platos nos gustan todos, sin excepción, y el maridaje nos sorprende con caldos de la tierra que son una delicia. Una gozada el Borona. Nos cuesta 150 euros. El resto del día lo paso en el apartamento, descansando, haciendo la digestión, y un poco apesadumbrado por no sentirme más fuerte y con más energía. Creo que es urgente tomarme en serio lo de perder peso, para sentirme más bello y saludable.
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