 Un día dominguero con muy poco interés, por variadas razones. El sábado la fiesta terminó con unas dosis de alcohol y humito más elevadas de lo deseable (iba a decir «habitual», pero me ha parecido un exceso de cinismo). Menos mal que Raquel ha estado inspirada y ha sugerido ir a ver la peli de Napoleón a los Golem de la Alhóndiga en la sesión matinal; menos mal. El pase matinal comienza a las 11:30, así que salimos con tiempo de sobra para ir caminando y desviarnos un poco buscando un estanco abierto en el que comprar una cajetilla de O&M. Compramos tabaco en un estanco cercano al Guggen y echamos un pincho en un bar de por allí cerca. ¿La peli? Me ha parecido floja, larga, poco rigurosa y dando mucho carrete a la parte sentimental de la relación del corso con la Josefina. Y tampoco es que el Joaquín Phoenix se haya currado una interpretación excelsa; pues no. Lo cierto, y por resumir, es que cuando un inglés perpetra un guion de un asunto histórico no sé cómo lo hace pero siempre arrima el ascua a su sardina, tanto que casi siempre también se quema. Napoleón queda como un imbécil, los franceses quedan como unos inútiles y al señor Wellington lo suben a los altares. Una película muy floja como argumento y un poco más visual en lo... visual. Y nada. Al salir del cine tiramos para casa parando a echar un pote en el Passarella de Alameda de Urquijo. La comida? Pasta fresca con pesto de bote; bastante decente. Y apalanque y poco más. |