 Ramón J. Sender.
Casi doscientos años antes de la caída de Constantinopla, el emperador Andrónico II, ante el peligro de una invasión turca, llamó en su ayuda a los almogávares, comandados por Roger de Flor. Fue éste un caballero singular de padre alemán y madre italiana, ingresó en la orde de los templarios, participndo heroicamente en la defensa de Acre. Acusado de haberse enriquecido ilícitamente, tuvo que abandonar la orden, tras lo cual se dedicó a la piratería, entrando finalmente al servicio de Federico II de Sicilia. Para conseguir su ayuda, Andrónico II tuvo que nombrarle megaduque y prometerle en matrimonio a su sobrina María, hija del zar de Bulgaria. Una vez en Bizancio, las tropas catalanas participaron en innumerables batallas -narradas por Ramón Muntaner en su célebre Crònica- derrotaron a los turcos, se enfrentaron a los alanos, fueron víctimas de conspiraciones y, tras el asesinato de Roger, devastaron Tracia y Macedonia en lo que se conoció como Venganza Catalana.
Notas al arbitrio.
C.II
En Blanquerna había capilla bizantina con sus cúpulas frágiles en forma de glande. Muntaner fue el que observó que los minaretes árabes y las torres bizantinas eran (como el arco árabe en sí mismo y desde sus orígenes) una alusión sexual. Muchas cosas de la arquitectura y de los símbolos de las monarquías lo son. El cetro, por ejemplo. Y la flor de lis.
Los dos hombres viejos estuvieron explicando a los españoles el origen de la insignia de la media luna que, contra lo que algunos creían, no era turca sino bizantina. Trescientos años antes de nuestra era, cuando Alejandro atacaba Bizancio, apareció en el cielo una luz inesperada —era a media noche— que descubrió los ejércitos asaltantes y permitió a los bizantinos prepararse a la defensa y ganar la batalla. Desde entonces en su bandera aparece una luna creciente y una estrella, símbolos y blasones que los turcos más tarde hicieron suyos.
Todos miran a la tierra el cerdo, el gusano el toro, el cordero todos menos mi hombre que con sus ojos de águila mira de frente al sol de mediodía.
Miraban al juglar con una indiferencia un poco pugnaz
me quedo en la p.80 del C.IV |