Un miércoles y una nevada inminente, o no
miércoles, 10 de enero de 2024

Raquel sale al mundo laboral mucho antes que el sol se deslice por sobre las cumbres desgastadas de los montes que cuidan el oriente de mi ciudad. Y además hace un frío de mil demonios, y llueve lluvia fina y persistente.
Raquel se ajusta a sus propias previsiones de los ayeres y camina sobre el frío hasta Uribarri, donde aún sobrevuelan recuerdos de noches etanólicas y amores sin pies; ni cabeza.
Alberto, yo, me concede más de un turno de horas matinales y me libera de la obligación y el acumule; y así es agradable hacer buenos planes, los míos por example.
Así todo, las horas dan para poco relleno y dan para mucho acolchado. Así, he puesto más empeño en sosegarme que en activarme, o, seré sincero, mejor hablar de las partes iguales, las dos mitades, o, seré concreto, las dos caras de una false moneda de oricalco.
No hoy, no todas las horas del día, pero sí en estos breves y pasajeros minutos, sí ahora, me siento iluminado por las palabras, ésas que tantas y tantas veces y deslizado con esmero sobre blancos papeles; algunos no tan prístinos.
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El orden no es tan útil como pudiera parecer, y aquello que carece de utilidad se transforma inmediatamente en algo superfluo; como yo.
He comenzado a leer un libro de Ramón J. Sénder llamado «Bizancio»; el título bien pudiera haberlo pergeñado yo mismo, siempre que me hubiera pillado en un momento de elevación poética. El libro narra los avatares de los almogávares de la Gran Compañía Catalana cuando acuden al socorro del emperador de Constantinopla, Andrónico II Paleólogo, que estaba siendo hostigado por las tribus otomanas que estaban extendiéndose por el Asia Menor (eso que ahora llaman Anatolia, un concepto geográfico con menos carácter y menos carga mítica).
Sénder se expresa tal que alguien de otra época, de una que ya no cuenta con coetáneos, de una época que quizás sea imaginada e imaginaria; una manera de contar que me agrada sobremanera, y que, con suerte, con mucha suerte, me puede ayudar a dar término a la lectura; pero esto habrá que verlo en un futuro cuando se eche la vista hacia el pasado.
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A ratos he seguido corrigiendo debilidades de mi código. En grafico1.asp he puesto en su lugar los hiperenlaces para que nos lleven y nos traigan a voluntad. Y varios retoques aquí y allá, retoques sin importancia, pero necesarios.
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Una ducha calentita y un vestirse con buena calidez, que el día viene intempestivo. Incluso guantes y calcetines gruesos. El objetivo de la preparación es llevar a secar a la lavandería unas piezas de ropa de cama que estando limpias no desprendían un aroma agradable (olor a humedad); las he lavado en casa y las he secado en secadora industrial, a precio de 3`5€ los 24 minutos de aire caliente.
Y un pase por el BM a comprar cuatro cosillas para los humanos de la casa y otras cuatro para el socio gatuno.
Y una preparación saludable para alimentar el cuerpo y el alma. Ensalada de lechuga y otras hierbas verdes, cebolla, pepino, rabanitos, aguacate, frutos secos MIX y pipas de calabaza. Rodajas de calabacín a la plancha y lomo adobado a la idem.
Luego ha llegado a casa Raquel; sí, ya son las tres y media pasadas, y Raquel viene hambrienta y cansada, deseosa de pisar el territorio del hogar, ansiosa por revestirse de la comodidad de su casa, amorosa y hermosa.
Y ahora... esto escribo y no me pida nadie que pronostique o aventure aconteceres: el tiempo futuro siempre juega al despiste, siempre, es su especialidad, es lo que lo define, es su carácter, es es es.

#raquel - #presencia - #lavanderia - #ruben - #brecha

© Zalberto | enero - 2026