Activación mañanera
jueves, 11 de enero de 2024

Muchas cosas que contar.
Comienzo.
Desde el pasado lunes todo va mejor para mí, para mi mente y para mi cuerpo, o al menos para mi cuerpo. Hoy no ha sido una excepción; he dormido como un lirón sin tener que recurrir a pastillas o inventos. ¿El motivo de tanta bondad? Sencillo: desde el lunes he dejado de fumar, de beber alcohol y de comer mucho y poco saludable; y me siento otro. Incluso el habitual cosquilleo en mis manos dormidas, incluso eso ha desaparecido ¿?. Raquel se ha apuntado a la fiesta, pero ella lo sufre más, ya que la decisión ha sido mía, y cuando yo tomo decisiones de este calibre suelo ser inflexible, sin esquinas ni puntos muertos. Así que hoy, como los días pasados, me he despertado muy activado y con ganas de todo.
He madrugado mucho para disponer de un buen rato de tranquilidad informática y para cumplir con el ritual completo del café y baño, ya sabes.
A las 8:30 clase de abdominales con Maite. Sin novedad. Intento ir cogiendo una buena forma, pero con sumo cuidado para no hacerme daño a mí mismo... en fin.
Seguido, una ducha, un afeitado, unas vestimentas de abrigo y de antilluvia, y a la calle a caminar sin rumbo definido y pasar el rato sumido en mis pensamientos y en mis sensaciones.
El día es gris, bilbaino. Llovizna levemente y los guantes se agradecen. Llevo en una mochila los elementos indispensables para enfrentar con éxito cualquier situación climatológica inesperada: un paraguas plegable, un chubasquero XXL y una chaleco acolchado. Me he vestido con vaqueros, camiseta manga corta, polar grueso azul chillón de Primark y zapatillas impermeables Salomon; a tope.
Bajo por las escaleras de Solokoetxe inspeccionando las obras de los nuevos ascensores; marchan, que ya es bastante.
Camino por el Campo Volantín hasta cambiar de orilla cruzando sobre la ría por el Puente de Calatrava. He fijado un destino: El Guggenheim, en plan sin más.
Cuando estoy llegando al museo la lluvia empieza a ser más persistente e intensa.
En el museo no hay casi nadie, cuatro turistas y un par de grupos de escolares que montan un poco de jaleo, pero poco.
Recorro las plantas 3 y 2, y disfruto con todo ello tirando fotos aquí y allá, buscando un atisbo de inspiración, algo que se me da bien.
Tras casi una hora de elevación espiritual salgo de nuevo al agua y el frío, pero feliz. Decido regresar a casa caminando; en Iturribide las obras avanzan a buen ritmo, y un día de éstos tiraré unas fotos para el recuerdo...
Al llegar a casa me desvisto y me pongo cómodo. Justo me estoy descalzando cuando miro la hora en el reloj de la columna y veo que son las doce y poquito y de repente me viene el susto: a y media tengo cita en el veterinario para que vacunen a Indi y le hagan un repasito cariñoso. Así que me revisto raudo y entre Raquel y yo metemos al chaval en el transportín y salimos pitando.
Veterinario. Ni diez minutos tardan en devolverme al muchacho, tras pincharle en el culo y pesarle: 7 kilos de hermosura gatuna. Y compro un pipeta para cuando vayamos al pueblo, una que tiene efecto durante 3 meses. Todo me cuesta 83€.
El chaval se ha portado como un campeón, como es él en verdad. De regreso a casa casi no dice ni mú. En casa le pongo sus comiditas y me largo a la lavandería a secar unas sábanas de las de llevar al pueblo.
Son poco menos de las dos cuando ya estoy en casa poniendo unas lentejas a cocinar... El guiso me queda sabroso y saludable, mucha verdura y un par de cachos de chorizo para la nena.
Y este episodio cierra la mañana y las tareas cotidianas y da comienzo al período vespertino con todas sus chanzas y avatares intelectuales: siestón, lectura (Bizancio) y preparación de cena: vainas con patata, zanahorias y huevos cocidos (momento actual, olla hirviendo y yo esperando a Raquel).
Un buen día sin duda, mañana repetiré si es posible.

#guggenheim - #caminata - #lavanderia - #veterinario

© Zalberto | enero - 2026