 Un día en apariencia autodeslizante, en verdad esforzado, por la cosa del esfuerzo y todo lo demás. Seguir adelante es tirar del carro en el que viajan dos personas y en el que una de ellas a nada que te descuidas echa pie en tierra y frena con una mezcla de desesperación y angustia. Ha sido arrancar la mañana y darme cuenta de que el día de hoy en plan ascético iba a ser complicado, difícil, malhumorado, adjetivos que no son de mi agrado. Para escabullirme he optado por salir a caminar a poco que el día se ha levantado por sobre las cumbres del Bocho. Un día frío a primera hora. Sudadera polar azul, chaleco y calcetines gruesos. El itinerario me ha llevado a atravesar el túnel de Begoña para cruzar la ría por todo lo alto del Puente de La salve y para volverla a cruzar por el Puente de Euskalduna, y desde allá recorrer la ribera hasta la curva de Elorrieta. El plan es comprar comida para Indalecio en el BM de Sarriko, cosa que he hecho. En el BM he echado un vistazo a la zona de vinos. Reflexionando por el camino he llegado a la conclusión de que hoy sería lo más prudente darle de beber a la nena, para desdibujar de su rostro todo rictus de tristeza. Y ha habido suerte: entre el barullo de etiquetas ha llamado mi atención la de una bonita caja, «Habla el Silencio»; ostras, me he dicho, un vino extremeño, un recuerdo agradable y reciente, una elección segura; 14€. Salir del BM con la mochila repleta de cosas para el gato y vino para mi novia, ése ha sido el resultado de la expedición. Metro y a Santutxu. Antes de subir a casa aún he visitado un par de negocios: en los Ibéricos he comprado presa, que más tarde al comerla nos ha parecido excesivamente viejuna (Raquel le ha hecho ascos); en la frutería he recogido el nabo que encargué ayer (el nabo es en realidad un rábano daikon, una especie de hortaliza japonesa, estupenda para hacer risas con las fruteras). De la comida se ha encargado Raquel, experta en dejar aquello como si hubiera pasado un tifón, jeje. Poco más que comentar. Nos retiramos a continuación, cada mochuelo a su olivo. A eso de las cuatro y poco la nena sale del cuarto diciendo que se va a dar un voltio; perfecto. Al cabo de casi media hora sale por la puerta. No ha pasado un cuarto de hora cuando me llama y me comenta que un vecino del portal de los viejos le ha llamado diciéndole que hay una fuga de agua por el mini patio de los baños, y que cree que sale de nuestro querido quinto piso letra E. El vecino es el del 1º E, Ander, creo. Para Zabalbide 50 que me voy. Efectivamente hay fuga: un poro en la cañería manguito que sale de la general para entrar en el piso. Por suerte el poro está después de la llave de paso, por lo que ha bastado con cerrar la llave para anular el chorrillo. Pendiente que alguien lo arregle: se va a encargar de gestionarlo el administrador de esa finca, el de Garamendi, el Suso ése. Y a casa, desvestirme de calle y revestirme de casa, preparar un té, dar de comer al Indalecio y... aquí estoy, dándole al teclado con furia contenida, como casi siempre que escribo a toda hostia, redios. |