Post extracción molar
viernes, 19 de enero de 2024

Ayer pasé un mal día, padeciendo las consecuencias de la extracción de la muela: las dos mandíbulas doloridas, el paladar irritado, al tragar otro padecer inesperado, y un malestar general, global, universal. Mi único deseo era estar echado en la cama intentando encontrar alguna distracción en las programaciones de mierda de las televisiones todas ellas, joder.

Hoy las cosas han amanecido de un color mucho más amable: los dolores y las molestias han desaparecido en su mayor parte, y ya sólo quedan los residuos de la extracción en sí, que se llevan con estoicismo de calidad, jeje.

Tras el café, una ducha, tras la ducha, un maquearse, y tras estar bien maqueado, echar mano del carrito de la compra y salir a la calle acunado por las canciones de mi lista de temas favoritos; es decir, todo en su lugar, todo perfecto, o casi.

Hace fresco, pero el cielo se muestra azul y las escasas nubes aportan la nota de contraste que siempre viene bien. Voy hacia el BM con paso decidido. Llevo una amplia lista mental, que incluye incluso una merluza para prepararla con patatas y tal y cual. Así que merluza, queso fresco de vaca, dos docenas de huevos, dos botellas de vino, un crianza de Rioja y un Habla extremeño, yogures, leche fresca, coliflor, aguacates, sobres de gelatina para Indi, y fijo que algo más que no recuerdo. Del BM a la frutería, pasando por la farmacia a comprar colutorio terapéutico, Lizipaina y Dormidina. Naranjas, piña, calabacines, manzana, peras, tomates pera, otra coliflor y ¿algo más?. Con todo el material regreso al hogar.

Como me siento mejor me animo a dar una pasada de aspiradora a la casa y a cambiar la arena del chaval; y al cocineo. La comida que he pensado para atenuar las posibles molestias de la no-muela ha consistido en preparar mi crema mítica de calabacines con cebolla pochada, patata y calabaza, con sus dos quesitos y sus especies clásicas, la cúrcuma, el ajo en polvo, el chipotle, la pimienta blanca y la albahaca para aromatizar; al unísono despiezo una coliflor en sus flores diminutas y coloco en la vaporera una buena cantidad de ellas, me encantan. Para Raquel hay segundo plato: lomo adobado a la plancha. La muchacha no se puede quejar, de hecho no se queja, ya que le ha traído un estupendo amaiketako a base de anchoas en aceite, patatas paja y tragos de vino... vamos que lo ha gozado.

Y a comer se ha dicho. Y a descansar. Y Raquel a eso de las cuatro sale del dormitorio con paso decidido: «me voy a dar una vuelta antes de que se oculte el sol»; bien, un poco de tranquilidad nunca viene mal, jajaja.

Y así va desarrollándose el día, más bien que regular, como debe ser.

#muela

© Zalberto | enero - 2026