Omán: bisagra de Oriente Próximo
viernes, 09 de febrero de 2024

Introducción

Al escuchar hablar acerca de Oriente Próximo a los medios de comunicación y a nuestros familiares o amigos, siempre tenemos en mente como actores principales en la región a países como Israel, Líbano, Siria, Irán, Iraq, los países del Golfo Pérsico o Yemen. Este fenómeno es perfectamente comprensible porque estos países son casi siempre los principales protagonistas de la actualidad en la región por su importancia geoestratégica y económica a nivel mundial.

Sin embargo, en el presente artículo, aún sin perder de vista a los actores antes mencionados, el foco de atención se desvía hacia un país que, si bien es ampliamente desconocido por la opinión pública en general, está ganando cada vez más importancia en el tablero geopolítico mundial debido a su condición como país neutral en Oriente Medio: Hablamos de Omán.

Bandera Omán

La forja histórica de una neutralidad

Para comprender como Omán se ha ganado la condición de país neutral en Oriente Medio es primero necesario conocer su situación geográfica. Omán es un país localizado en el extremo suroriental de la península Arábiga que posee tres configuraciones geográficas principales.

En primer lugar, exceptuando la Gobernación de Dhofar, única zona del país donde tienen lugar monzones, lo cual permite la existencia de vegetación, la mayor parte del país se encuentra encuadrado en el desierto de Rub al-Jali.

Por otro lado, la mayor parte de la población del país se concentra en la línea costera tras los sistemas montañosos de al-Hayar, al nordeste, y cerca del cual se encuentra Mascate, la capital; y de Dhofar, al sur, y al lado del cual se encuentra Salalah, la segunda ciudad más importante del sultanato.

Este fenómeno es posible gracias a que ambos sistemas montañosos impiden la llegada del desierto a la costa y permiten la existencia de un microclima que favorece los asentamientos humanos.

Por último, el país está enclaustrado no sólo por el desierto, sino también por el Océano Índico.

Desierto Rub Al hali.png

En este sentido, el segundo elemento que nos ayuda a comprender la razón de ser del aislamiento del Sultanato de Omán con respecto al resto de Oriente Medio es el conjunto de circunstancias históricas, culturales y sociales producidas a raíz de este aislamiento geográfico.

Omán comenzó a forjar su propia identidad cuando en el año 751 cuando un grupo de fieles dentro de la rama jariyí del islam, conocidos como ibadíes, se establecieron definitivamente como la fuerza dominante en el país tras el colapso del Califato Omeya, estableciendo un imanato. Es importante tener en cuenta que, si bien en un principio el movimiento ibadí se desarrolló ideológicamente en Basora (actual Iraq) y se consolidó en el año 656 con el asesinato del califa Uthmán y su oposición a que Alí, yerno del mismísimo Mahoma, fuera el cuarto califa, fue rápidamente circunscrito de manera casi exclusiva a Omán.

En el año 658, el califa Alí exterminó a prácticamente todo el movimiento, exceptuando a nueve supervivientes que lograron escapar a Omán y difundir sus ideas. Omán siguió siendo un país aislado y sin tener algo tan necesario para cualquier estado como lo es la política exterior porque el modelo territorial del país era muy descentralizado: el imanato estaba territorialmente dividido a su vez en pequeños imanatos donde el imán era el líder; y este imán a su vez confiaba en pequeños gobernantes locales.

Este modelo descentralizado debía asegurar la unidad nacional, pero en realidad llevaba a continuas guerras entre los imanatos por el poder, de manera que Omán se desestabilizaba internamente.

Estados con más de un 10 % de población musulmana: Verde: suníes, Rojo: chiíes, Azul: ibadíes (Omán). Autores: Baba66, NordNordWest
Estados con más de un 10 % de población musulmana: Verde: suníes, Rojo: chiíes, Azul: ibadíes (Omán). Autores: Baba66, NordNordWest

Sin embargo, la historia de Omán comenzaría a cambiar con la llegada al poder de la dinastía Al-Said en 1743. Al llegar al poder Ahmad bin Said, fundador de la dinastía, consiguió la plena estabilidad en las relaciones entre los imanatos. Junto con ello, gracias al fracaso de los intentos de invasión por parte de potencias regionales de la zona y por parte, sobre todo, de los portugueses, empezó a convertir a Omán en una importante potencia colonial en el este de África (si bien es cierto que algunas colonias ya estaban en posesión de Omán en el siglo anterior).

El aislamiento geográfico y la poca disponibilidad de suelo fértil para cultivar obligó al imanato a desarrollar una importante industria naval que le permitiera expandirse comercial y territorialmente. Sin embargo, la división volvería en 1856 con la muerte del quinto monarca de la dinastía, Said bin Sultan.

Debido al peligro que suponía que todo el poder recayera en un único hijo de los dos que se disputaban el trono, se decidió la partición de Omán en dos estados diferentes con la mediación de Lord Canning, primer virrey del Raj Británico: el Sultanato de Mascate y Omán, que comprendía la metrópoli; y el Sultanato de Zanzíbar, que comprendía las antiguas colonias del este de África.

A partir de este momento, la influencia británica en el país empezó a ser tan notoria que Omán llegó a ser hasta 1920 un protectorado británico de facto. Esto llevó a que hubiera enfrentamientos entre las tribus del interior, lideradas por el imán Salim ibn Rashid al-Kharusi (que rechazaban cualquier injerencia extranjera) y el sultán Taimur bin Feisal (favorable a la injerencia británica).

Dominios portugueses en Omán, Golfo Pérsico y Mar Rojo Verde Claro - Territorios portugueses y principales localidades. Verde oscuro - Reino aliado o bajo la influencia de los portugueses. Autor: Hugo Refachinho
Dominios portugueses en Omán, Golfo Pérsico y Mar Rojo: Verde Claro - Territorios portugueses y principales localidades. Verde oscuro - Reinos aliados o bajo la influencia de los portugueses. Autor: Hugo Refachinho

Finalmente, se consiguieron tres décadas de paz y de plena cooperación entre ambos bandos en el país gracias a la mediación británica, que sería oficial con el Tratado de Sib de 1920. El imán controlaría el interior del país, a cambio de reconocer la plena soberanía del sultán en Mascate.

El conflicto se reabriría nuevamente en 1954, cuando el sultán Said bin Taimur (hijo de Feisal) quiso retomar el control del interior para hacer prospecciones de pozos petrolíferos tras la muerte del imán Muhammad bin Abdallah Al-Khalili. Las tribus del interior respondieron pidiendo apoyo militar a Arabia Saudí, que patrocino la elección de un nuevo imán en medio de las disputas con Omán por la zona del Oasis de Buraimi. El conflicto se resolvió con el exilio del imán a Arabia Saudí y con la derogación del Tratado de Sib. El sultán pasó a controlar todo el país.

Por último, tras la rebelión independentista en Dhofar en 1964, Taimur tuvo cada vez una menor popularidad por sus numerosas restricciones a la población, lo que terminó cuando su hijo Qaboos le expulsó del país en 1970 y accedió al trono.

Fue aquí cuando Omán empezó a abrirse al exterior y a tener relaciones diplomáticas con otros países siendo totalmente independiente. Dado que este artículo se centra en el estatus de Omán como país neutral en Oriente Próximo, en los siguientes párrafos se hará un repaso de la evolución de la relación con las potencias más importantes de la región desde 1970.

Áreas que estuvieron bajo influencia omaní en los siglos XVIII y XIX. Autor: MWahaiibii
Áreas que estuvieron bajo influencia omaní en los siglos XVIII y XIX. Autor: MWahaiibii

Un Omán abierto al mundo

Desde el principio de su reinado, Qaboos se dio cuenta de que, debido al aislamiento tanto geográfico como político-religioso de su país, debía desarrollar una red de relaciones diplomáticas con unos vecinos muy discordantes entre sí en un contexto geopolítico mundial muy delicado, yendo con pies de plomo, como si de jugar al buscaminas se tratara. Y todo ello al mismo tiempo que modernizaba internamente su país con la extracción y exportación de crudo como pieza central del proceso.

Durante las décadas de los setenta y los ochenta, Omán consiguió tres hitos muy importantes: los dos primeros fueron acabar formando parte de la Organización de Naciones Unidas y de la Liga Árabe en 1971. El tercero consistió en solucionar las disputas fronterizas que se habían postergado durante décadas.

Para empezar, consiguió encauzar sus relaciones con Arabia Saudí de manera que su vecina le suministrase ayuda para sofocar la guerra en Dhofar y, una vez acabado el conflicto, movió baza en su segundo gran frente tradicional: Yemen.

Gracias al mediación de Arabia Saudí y de Kuwait, aprovechó el aislamiento y necesidad económica de la República Popular Democrática de Yemen para aliviar tensiones y, una vez la RPDY se unificó con la República Árabe de Yemen, lideró los esfuerzos para solucionar las disputas fronterizas entre ambos países, que culminaron con la firma de un acuerdo definitivo en 1992 y con el establecimiento de un área de libre comercio transfronterizo a partir de 1993.

Ronald Reagan durante la ceremonia de llegada del Sultán Qaboos Bin Said, 4/12/1983
Ronald Reagan durante la ceremonia de llegada del Sultán Qaboos Bin Said, 4/12/1983

El siguiente frente en el que Omán debía mover ficha rápidamente era la relación con sus vecinos del Golfo Pérsico: Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Bahréin y Catar. En el caso de los EAU, al haber apoyado Omán la creación de este país tras el fallido intento de fundar una federación de todos los antiguos Estados de la Tregua, empezaron a tener una relación simbiótica que comenzó con simples donaciones de dinero para mejorar las carreteras entre Omán, la península de Musandam y el norte de los EAU, y acabó con importantes acuerdos bilaterales en materia de seguridad.

Por otro lado, en el caso de los tres restantes países, el establecimiento de relaciones diplomáticas oficiales comenzó a partir de 1972, y éstas no eran fructíferas porque cada uno de estos vecinos tenía una visión diferente de sus relaciones con Occidente, especialmente con el Reino Unido. Entre 1976 y 1995, las relaciones entre Omán y sus tres vecinos se sustentaban simplemente en el flujo migratorio entre ellos, pero mejoraron progresiva y necesariamente a causa de cuatro acontecimientos históricos que sacudirían a toda la región: el conflicto árabe-israelí, la intervención soviética en Afganistán (1979), la revolución en Irán (1979) y la Guerra entre Irán e Iraq (1980-1988).

Estos acontecimientos antes mencionados, junto a la necesidad de asegurar la estabilidad comercial en el Golfo de Omán y en el Estrecho de Ormuz, marcaron el cuarto gran hito conseguido por Omán: formar parte del Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo desde su fundación en 1981. Aun así, la incorporación de Omán al Consejo no influenciaría demasiado su hoja de ruta a seguir en cuanto a política exterior se refiere.

En lo concerniente al conflicto entre Irán e Iraq, Omán nunca se posicionó claramente a favor de uno u otro. Mientras que la ONU, la Liga Árabe y los demás miembros del Consejo se posicionaron claramente a favor de Bagdad, Omán siempre actuó como potencia mediadora entre éstos últimos e Irán para una futura integración de Teherán en el Consejo.


En cuanto a la Guerra del Golfo (1990-1991), gracias a que la gran prioridad de Mascate era fortalecer sus lazos comerciales con Extremo Oriente, supo mantener su neutralidad apoyando la intervención de Estados Unidos para liberar Kuwait y teniendo buenas relaciones diplomáticas con Bagdad al mismo tiempo. Además, durante el resto de la década de los noventa y principios del siglo XXI, Mascate siguió haciendo lo posible por contrarrestar los movimientos expansionistas iraníes al mismo tiempo que criticó la intervención estadounidense en Iraq en el año 2003.

Como nota final a la política exterior de Omán en Oriente Próximo entre los setenta y principios del siglo XXI, queda por mencionar el conflicto árabe-israelí.

Por un lado, mientras que Israel ayudó económica y militarmente a Omán a acabar con la guerra en Dhofar, Omán fue el único país miembro de la Liga Árabe que mantuvo relaciones diplomáticas con Egipto tras su acuerdo de paz con Israel en 1979, y reafirmó tales discrepancias con sus socios en la Cumbre de Madrid de 1991 y en la Cumbre de Oslo de 1993, debido a los intereses omaníes por aprender acerca de los avances israelíes en las técnicas de desalinización de agua marina y por extender sus vínculos comerciales con este Estado.

Aun así, Omán se negaba a establecer relaciones diplomáticas oficiales con Israel, y tras el ascenso de Netanyahu al poder en 1996, empezó a alejarse de Israel y a acercarse a Palestina, pero sin cortar del todo las relaciones. Finalmente, Omán empezó a acercarse nuevamente a Israel tras la elección de Barak como primer ministro en 1999, pero este acercamiento duró poco debido a que Omán cortó relaciones con Israel un año después.

El estado actual de las relaciones entre Omán y el resto de Oriente

Una vez que las circunstancias históricas de las relaciones exteriores de Omán con el resto de sus vecinos durante sus primeros años de aperturismo al resto del mundo han sido examinadas, queda por revisar cómo estas relaciones se han desarrollado en los últimos años de vida del sultán Qaboos y la posterior llegada al trono de su hijo Tariq.

El Secretario de Estado Michael R. Pompeo se reúne con el sultán de Omán Haitham bin Tariq Al Said, en Mascate, Omán, el 21 de febrero de 2020. [Foto del Departamento de Estado de Ron Przysucha/Dominio público]

El Secretario de Estado Michael R. Pompeo se reúne con el sultán de Omán Haitham bin Tariq Al Said, en Mascate, Omán, el 21 de febrero de 2020. [Foto del Departamento de Estado de Ron Przysucha/Dominio público]
Por un lado, en cuanto a la cuestión israelí-palestina, Netanyahu visitó por primera vez Omán en 2018, lo cual erigió a Mascate como una potencia mediadora privilegiada en el conflicto. Actualmente, Omán sigue teniendo un cierto grado de normalidad en sus relaciones con Israel.

Sin embargo, tras los ataques de los últimos meses, Tariq ha condenado fuertemente en las últimas semanas “los crímenes de guerra israelíes”, además de reconocer a Hamás “como grupo de resistencia y no como grupo terrorista” y mostrar una voluntad muy firme de ofrecerse como potencia mediadora entre Israel y Hamás.

En lo concerniente al otro gran foco de conflicto en la región, Yemen, Omán ha atravesado tres fases desde el comienzo de la guerra en 2014: primero, fue el único país que no formó parte de la coalición militar liderada por Arabia Saudí; después, intentó liderar negociaciones de paz secretas entre las partes y desde 2022 ha estado liderando negociaciones oficiales entre los hutíes y el gobierno saudí. Sin embargo, hay sospechas de que Omán podría estar armando a los hutíes en secreto.

Por otro lado, en cuanto a sus relaciones con sus socios del Golfo e Irán, Omán fue una potencia mediadora vital en las tensiones entre EEUU e Irán por el programa nuclear en el año 2013.

Igualmente, este mismo año el contraalmirante de la Armada iraní anunció el pasado mes de junio que su país formará en un futuro una fuerza naval conjunta con India, Pakistán, Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Catar, Bahréin y el propio sultanato omaní. Además, Omán sigue teniendo buenas relaciones de manera individual con sus socios del Golfo:

1.- La visita del ministro de exteriores omaní a Kuwait el pasado 16 de noviembre por el aniversario del ascenso de Tariq al trono, en la que ambos han condenado a Israel y apostado por una solución pacífica del conflicto y por la independencia de Palestina, demuestra las buenas relaciones entre ambos países.

2.- Los seis acuerdos de cooperación en 2021 y el acuerdo de cooperación militar de este mismo año demuestran la gran simbiosis entre Omán y Catar.

3.- La felicitación del embajador de Bahréin en Omán a Tariq este 16 de noviembre por el aniversario de su reinado en la que, además, da la enhorabuena a Omán por sus grandes avances en su apuesta por el hidrógeno verde, demuestra la buena relación entre ambos países.

Conclusión

Tras hacer un pequeño repaso de la historia de Omán como potencia neutral en Oriente Próximo, se puede extraer como conclusión final que la suma de su aislamiento geográfico y de la influencia en su modelo político de su religiosidad ibadí es la piedra angular de la misma supervivencia de la nación omaní.

La idiosincrasia de la rama ibadí del islam se basa en un liderazgo por consenso de la comunidad en lugar de un liderazgo concentrado en una sola persona o grupo de personas, lo que a su vez conduce a que los asuntos políticos tomen más distancia de lo religioso en comparación a otras adscripciones del islam.

Esto se traduce a su vez en la plena convivencia con otras denominaciones religiosas tanto dentro del país como en su estrategia de política exterior, de manera que se ha creado un ecosistema perfecto para que Omán sea no solo el que posiblemente sea el país más seguro de Oriente Próximo a nivel político, económico y social, sino también el único país de la zona en el que todos los demás sin excepción pueden confiar por igual.

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