Sol, Casco Viejo, caracolillos y langostinos
domingo, 11 de febrero de 2024

Me he sentido bien, con ganas. El cielo promete cielos azules, las nubes prometen nubes blancas, nubes de algodón de ésas que huelen a aromas muy lejos del espectro humano. La chavala quiere disfrutar de las humedades de las aguas cálidas y de los vapores turcos, y yo lo comparto aunque me resulte lejano e inasequible, como un tipo de deseo que no deseo, el tipo más sencillo para el hombre más sencillo.
Por muchas cosas más he sentido la llamada de las regiones ribereñas y de las calles atestadas de franceses y holandeses, de matrimonios alemanes de buenos burgueses, de ingleses de carrilleras sonrosadas, y podría así seguir sin pausa ni deseo de pausa; pero no.
Me he calzado mi ropa de muchacho urbano, ése que nunca crece ni madura, ése ajeno al paso del tiempo, al que los sueños siempre le llevan a los mismos lugares y a las mismas risas y lágrimas.
He bajado por las escaleras de Solokoetxe, como a mí me gusta. He cruzado la ría por el Puente de la Merced. He buscado la fachada de un restaurante llamado «Nura» en la calle 2 de Mayo, en la margen izquierda, muy Bilbao la Vieja todo aquello; pero bien; creo que es el restaurante elegido por Raquel para celebrar el martes su 54 cumpleaños... Ouh mamma...
Cuando he deambulado por entre las barracas del Carnaval, las que han plantado en El Arenal, un soniquete ha interrumpido la musiquita que acaricia y envuelve, la de Sam Celentano, qué gran descubrimiento. Es Raquel que viene a mi encuentro. Yo la espero al pie de las escaleras y al poco ella desciende como una diosa.
Juntos visitamos el Basaras: qué grandes. Dos copas de un blanco francés del Rosellón, Les Vignes Bela-Haut 2021; qué rico. La nena quiere una anchoa preparada sobre pan tostado y cubierta por tirita de pimiento rojo como sangre fresca; yo una Felipada, mmm qué bueno. Y repetimos vinos y comemos dos croquetas y nos vamos de allá satisfechos y bien dispuestos.
Como quedan ganas en abundancia giramos en la ribera hacia el remonte del río y nos servimos un par de Monopoles y un par de pulguitas de bonito con alegría riojana, la mejor.
La convenzo: «subamos al barrio en el ascensor de Achuri-Atxuri»; a Raquel no le gusta por razones desconocidas, para ella también. Al desembocar en Zabalbide nos encontramos con el Paquis, el Ángel; qué avejentado está, y aún es medio año más joven que yo, jajaja. Nos cuenta el Paquis que se jubila, que le tienen que pagar una anualidad. Se le ve feliz, pero yo no me lo creo del todo; o sí, no sé. Cinco minutos de charla y adiós.
Antes de subir a casa aún nos dan las fuerzas para hacer cola en TeleNécora para comprar caracolillos, langostinos. Claro, lo estás pensando, hay plan. Yo tengo plan de terraza, de patatas paja y vino blanco de Finca dos Antas, de langostinos con mahonesa y caracolillos ay qué asco, que no, que a Raquel le priban, jajaja.
Bueno, pues un punto importante, pero con cierto control; incluso comemos carrilleras con patatas, riquísimas.
La tarde es de relax y lo de siempre, lo mejor: tele, móvil, PC y cena ligera, que ya está bien.
Un día de nueve y medio, que el diez es para Dios.

#basaras - #paquis - #caracolillos - #langostinos

© Zalberto | enero - 2026