Vísperas de Arranku
viernes, 16 de febrero de 2024

Amanece un día húmedo y frío; pero me siento fuerte y osado. No han dado las nueve cuando salgo a caminar, con ruta y sin destino. Al asomar el morro por el portal observo que las gentes se cobijan bajo sus paraguas y encojen el cuello en el interior de bufandas y bragas; pero me siento poderoso y me inunda un afán aventurero. Saco de la mochila verde el paraguas negro Tyger plegable: «quién dijo miedo?».
El agua gotea con intensidad por las laderas de Zabalbide y el paraguas apenas puede con ello; yo pienso y encuentro la confirmación en la experiencia: con seguridad la mochila se está mojando; pero no cedo en mi impulso.
Recorro Artecalle hasta llegar a la Iglesia de la Encarnación. Giro hacia la derecha, quiero ver cómo va la cosa en las escaleras y los ascensores: un nutrido grupo de hombres con chalecos reflectantes se ufana retirando vallados, cintas de colores y basurillas variadas. Se percibe una inauguración inminente; son las cosas electorales, las maniobras gruesas de la política de barrio.
Me da lo mismo. Avanzando por las cercanías de la plaza de Unamuno siento cómo se diluyen mis intenciones; por mi cabeza se infiltra la posibilidad de subir en un vagón del metro para regresar cobijado al barrio; pero resisto con obstinación... aunque no demasiado. He visto una posibilidad intermedia, la de hacer un retorno honorable caminando por las cuestas de Iturribide, buscando la paz en las inevitables gotas de sudor y en las rampas del colegio de los Maristas. Y no es en vano, ya que cuando enfilo el paso de cebra del estanco mis sentimientos me han otorgado un perdón al que la persistente lluvia da brillo y lucidez.
Así soy yo.
Fin de exploración literario/poética.
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Segundo momento de orden y limpieza en el trastero.
He vaciado las baldas más del fondo; incluso he sacado de su lugar las dos enciclopedias que dormían allá plácidamente.
He ubicado al fondo de la zona de las maletas todo lo relacionado con el flamenqueo: zapatos, ropas y accesorios.
He colocado en la zona izquierda todo lo que está condenado a buscar un lugar en las basuras.
He colocado lo más a mano posible las movidas que van a terminar sus días en el desván de Arrankudiaga: la ingletadora, la chorreadora de agua a presión y la vajilla de color oscuro.
Un palizón al que aún le restan jornadas agotadoras.
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Aspiradora por toda la casa.
Limpiar el cagadero a Indalecio y poner arena nueva.
Quitar la ropa empapada del volador, meterla al carrito y salir pitando a la lavandería.
Veinte minutos mirando videos en el celular y regreso al hogar.
Vaciar carrito y regresar a la calle a hacer unas compras inútiles para matar el tiempo hasta que llegue el punto en el Raquel dé por finalizadas sus conferencias de estrés y emprendamos el viaje en coche hacia Sarriko, a comprar las movidas para la celebración del sábado en Arrankudiaga.
En el Eroski compro 3 cajas de arena para Indi.
En el BM compro cerveza, leche, queso fresco, jamón york y 3 paquetes de patatas paja. Hay muchacha nueva joven en la zona de charcutería; sangre nueva.
De vuelta a casa organizo las compras y doy un repaso general.
Son las dos cuando Raquel da por terminado lo suyo, y propone con cierta ansiedad salir a comer un menú antes de comenzar con las compras.
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Bar Santutxu. Menú del día. Alcachofas en salsa de carne; saladas. Gallo al horno en salsa de carne; salado. Cuajada con miel; dulce. Todo pasable; tiene pinta de que hemos elegido mal; habrá que darle otra oportunidad.
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La movida de llevar las cosas a Arrankudiaga.
Bajamos al portal los trastos, la ingletadora, etc.
Saco coche, lo aparco en la cuesta y metemos los trastos. A Sarriko.
Coche al parking del BM; cómodo acceso y tal.
3 botellas de Barbadillo. 4 botellas de Mencía. 2 botellas de Cava. 6 sobres de embutidos. 4 packs de 6 latas ORO. Y 3 botellas de caldos variados para nuestro consumo en el hogar. 120€ que paga la nena.
Llegamos a Arranku sobre las 6 PM. Nos recibe la camarilla con pocas ganas de nada; evidentes síntomas de resaca tremenda; mejor.
Dejamos los trastos y emprendemos regreso; mejor.
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Indi nos recibe con un sutil enfado: le damos cositas ricas y se relaja.
Raquel prepara pechuga a la plancha con tomate también planchado.
Cenar y a la cama a seguir viendo Twin Peaks, la 3ª temporada, el capítulo 2 y el 3; esa temporada es muy loca y muy confusa: me encanta; a Raquel quizás le aburre, pero yo pienso verla enterita, o ésa es mi intención.
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Un día intenso.
¿La reflexión? He pensado en cosas en la oscuridad del lecho, al apagar el televisor. He recordado un reel de Instagram en el que un pensador, ¿Tolle? ¿Tello?, reflexionaba sobre la cosa del discurso interior en el que el ego se ufana en poner al uno mismo en un pedestal, merced a construir un pasado mezcla de drama y epopeya, etc etc etc. Ser un observador de nuestras emociones etc etc etc. Yo he pensado que esas maneras conducen a un interior sin emociones y sin luces y sombras, y he recordado aquella noche de insomnio, sumido en una bajada de ácido, cuando sentado en el inodoro de mi casa familiar, sobre las tantas de la noche, me sentí un hombre diferente, un autocontrol de rango superior, prácticamente total, una frialdad de pensamiento que jamás ha vuelto a sentir. Y no sé si lo recuerdo como algo a conservar y recuperar, o como algo que puede llevar a un hombre directo al manicomio y arrojar la llave de su celda bien lejos, al fondo de un lago mágico. Creo que aquel momento está en la memoria en el cajón de los momentos épicos y sublimes, los que dan cimiento a mi ser superior. Las cosas del colchón...

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© Zalberto | enero - 2026