 Toca comida con el famulio en La Peña para estrenar la nueva cocina de Rebeca y Txetxu. Toca sábado sin cocineo ni tareas domésticas; una maravilla.
A primera hora me pongo guapo y me largo a dar una vuelta por Bilbao; y contra viento y lluvia y frío deambulo por aquí y por allá... Paso por Decathlon a echar un vistazo; sin más. Paso por el FNAC a echar otro vistazo; sin más. Raquel me llama; ella también sale a darse un voltio. En primera instancia me bufó cuando le propuse salir juntos; en segunda instancia me llama para solicitar mi compañía... en fin, jajaja.
Paso por la tienda de cosas de cocina que hay en Indautxu -Culinarium- y objetivo conseguido: compro un pinza de emplatar para regalar a Txetxu; bien. Y lo mejor: me enamoro de un macutillo de ésos para llevar el almuerzo, que tienen aislamiento térmico interior y un par de bolsillos exteriores; precioso y del tamaño perfecto. El asunto de encontrar un macuto estaba en estado ON desde hace días. Estuve visitando todas las franquicias habituales, tipo Lefties, etc; pero no obtuve el éxito, ni por aproximación. Y mira por dónde en el sitio más inesperado... suena la flauta, y además muy económico. Una gozada.
El reencuentro con Raquel se efectúa en la planta de libros del FNAC. La nena quiere llevar un regalito, para no ser menos; y ha optado por un libro de cocina. Tras darle vueltas al asunto se inclina por comprar un libro de 80 recetas básicas de Martín Berasategui; una buena elección. Inciso. Estando fisgando las estanterías de libros, se me caen las gafas y se rompen; por cosas de la vida en la planta de libros también venden gafas de lectura... ohhh jajaja. Me compro un par para sobrevivir ese día; jeje. Salimos del FNAC y caminamos por Alameda Urquijo buscando un lugar donde echar un pincho y caña. Descubrimos que el local del antiguo Colmado Ibérico es ahora un garito de rollo americano, de una franquicia de ésas de caca.
Sin más preámbulos ponemos rumbo a La Peña. Raquel propone coger el 40, que sale de la trasera del Corte Inglés. Mi opinión es que si bien el viaje es ameno, el tiempo supera con creces a ir en el tren; pero bueno, con Raquel mejor no discutir. Los alegres divorciados nos esperan en el tasco que hay junto al portal de los chavales; echamos un par de blancos y subimos a inaugurar las obras... ¿Qué decir? La cocina preciosa, la comida estupenda -picoteos y carrilleras en olla lenta-, la bebida abundante y variada; ¿el pedo? importante, terminamos la velada consumiendo varios destornilladores en un bar de por allá y finalmente Jorge nos llevó a casa tan ricamente. Raquel se acostó nada más llegar, y aún me hice un tortilla francesa y me soplé un par de chupitos de licor carmelitano; madre mía.
Un día completito y exitoso, con ausencia total de emociones negativas, que no es poco decir. |