Llueve tanto que anula el montañeo.
Crítica soez de «La trampa del confort»
miércoles, 28 de febrero de 2024

Aún siendo así el título, no me siento sobrecogido o minussentido o acomplejado: la realidad de mí mismo ahora se mueve en unos territorios nuevos, afortunadamente.
Esta mañana, leyendo artículos de pensamiento, en alguno de los diarios digitales que suelo leer AHORA, me he encontrado con un menda que ha escrito un libro, por el que se está forrando y me alegro por él, en el que despeja las equis de la vida bien vivida o bien llevada o mejor sentida, o algo en positivo y donde nos explica con esquemas sencillos cómo salir del atolladero; esquemas del tipo «cómo teárbolesner una buena vida y larga y añeja siguiendo los pasos que YO os voy a desvelar por un módico precio». Ya se sabe, esquemas que nos quieren liberar de la opresión de la vida moderna.
A nadie se le escapa que lo vertido sobre la vida cotidiana en estos últimos treinta años, años arriba años abajo, nos está dejando a casi todos con el culo al aire y con una terrible sensación de indefensión ante el futuro. Y no paran de surgir gurús que nos alertan de la errónea perspectiva que se «percibe» cuando se abandona la experiencia del presente y se padece la angustia del futuro y el arrepentimiento de todo ESO que hicimos en el pasado y que siempre nos acompaña para recordarnos que somos totalmente IMPERFECTOS y PECADORES.
¿Para qué seguir? Es siempre lo mismo; las recetas varían bien poco. Quizás sea importante no borrar del discurso los lugares comunes propios de nuestro tiempo, porque puede ser que caigamos en el error de no contemplar positivamente conceptos que son populares hoy y olvidados mañana. Un bosquejo a mano alzada:
♦ todos los días caminar media hora en la naturaleza ¿?
♦ cero alcohol 0.0
♦ dormir todo lo posible
♦ salir de la zona de confort - esto requiere ahondamiento-
♦ cuanto menos internet mejor
el silencio es curativo
♦ abrazar árboles o similar
♦ del aburrimiento surgen las grandes ideas -esto... ¿lo mismo sí-
♦ pensar en la muerte al menos una vez al día
Y no sigo aportando puntos relevantes porque no me da la gana, me he cansado, soy seguidor de mis propias ideas, sobre todo de aquellas que escucho -leo- en boca de otro y que, con gran sorpresa, descubro que son mías... previamente.
Y ahí lo dejo. Un último truco: las palabras escenifican la realidad, por lo que no hay que dudar ni un instante en hacer un uso egoísta de ellas, siempre a favor de uno mismo.
Ya se sabe que el mundo tiene un final que, por casualidad, coincide con el propio canto del cisne.

© Zalberto | enero - 2026