Mañana de corto recorrido, pero de largo desarrollo. Mi rodilla, toda mi pierna izquierda, aún no se ha recuperado como yo, y cualquiera, desearía. Al rato de caminar se me va cargando hasta que de la molestia leve se pasa al dolor leve, momentos en los que, por experiencia personal, sé que lo sensato y pasar a practicar el descanso activo y sentarme en un acomodo cómodo, jeje, y no estirar más la cuerda. De esta manera. Salida al BM a comprar poca hostia y a la frutería otro tanto. Dado que la mañana todavía está a medio recorrido y que a Raquel mi presencia ociosa en casa no le relaja, me animo a bajar al centro con el objetivo de comprar más camisetas veraniegas en Intimissimi. Me animo, pero bajo en metro, jaja, hasta Abando. La visita a la tienda de Uomo es tremendamente positiva: salgo con tres camisetas muy muy cómodas y veraniegas y un niki con las mismas cualidades. Por cierto que al llegar a casa y enseñarle las prendas a Raquel, la de color arena no le ha gustado nada, dice que se me transparentan los pezones etcétera; creo que tiene razón, por lo que tengo pendiente ir a cambiar de modelo, de color más bien. De vuelta a casa me pongo con las tareas culinarias. Alubias blancas cocidas de bote sobre un sofrito de cebolla roja y ajetes tiernos, todo ello cocinado con caldo de pollo del que guardé del día de ayer o anteayer; exquisitas. El resto del día en casa, en modo relax. He visto en la tele tres capítulos de una miniserie documental, «Escapando de la secta», basada en hechos reales. Cuenta la historia de la comunidad cristiana de Gloriavale en Nueva Zelanda, nada menos. Neville Cooper, Hopeful Christian. En fin, muy interesante. Para cenar, sopa de fideos y huevos escalfados hecha con el caldo de pollo que sobraba. Y a la cama a seguir viendo capítulos de la serie irlandesa «Bodkin», un thriller divertido y bien tratado. |