 El proyecto comenzaba en 1972. Había construido un espacio que atendiera al bienestar de los roedores y aumentara su vida útil. De esta forma se creó la fortaleza que vemos en las imágenes, un hábitat cuadrado de alrededor de 2,5 metros cerrado por paredes de 1,3 metros de altura. Los primeros 0,9 metros de las paredes estaban estructuradas de manera que los ratones podían subir, aunque no se les permitía escapar gracias a los 0,4 metros restantes de altura de la pared.
No sólo eso, cada muro contaba con hasta 16 mallas verticales de túneles (o escaleras). Cuatro corredores horizontales daban a cada hueco de la escalera, que a su vez conducía a cuatro cajas-nido. Eso significaba que eran un total de 256 cajas, cada una capaz de albergar quince ratones. En cuanto a abastecimiento, los ratones contaban con abundante comida, agua y material de nidificación. El Universo 25 se limpiaba cada cuatro semanas, no había depredadores y la temperatura se mantenía a una constante de 20 grados. Por último y para rematar este paraíso jamás construido para ratones, los roedores que comenzaron el experimento fueron seleccionados entre una élite escogida por el NIMH, es decir, ratones libres de enfermedades y en perfecto estado.
Por tanto tenemos un espacio que, si bien estaba limitado en cuanto al espacio, el resto eran las condiciones perfectas para vivir en el paraíso ratonil, había material en abundancia para perdurar en vida por el fin de los días…
No fue así evidentemente y el ejercicio llevado a cabo mostró la cruda realidad de lo que podría ocurrir en un entorno de superpoblación donde existen recursos ilimitados, en este caso con mamíferos. El experimento se iniciaba con cuatro parejas de ratones libres de enfermedades, cuatro machos y cuatro hembras. A los 104 días de comenzar los ratones comenzaron a procrear. Pasados los 300 días, los ratones ya habían llegado a la cifra 600 roedores en el hábitat. Para el día 560 del experimento, la población de roedores ya había llegado a 2.200... y fue en este punto cuando la población comenzó a decrecer. ¿Qué ocurrió?
Aquellos roedores que perdieron toda actividad social de un roedor, simplemente dejando pasar el tiempo mientras comían y dormían Si bien podríamos pensar que en una sociedad sin recursos, la población no habría llegado a las cifras del Universo 25, lo ocurrido en el experimento, el decrecimiento de la población, ocurrió por el exceso de habitantes, la superpoblación estaba extinguiendo a la sociedad. No había espacio para todos.
¿Cómo? Cuando llegaron al pico de habitantes, la mayoría de los ratones pasaron a estar cada segundo de su vida en compañía de cientos de otros. Sí, se reunían como al comienzo en las plazas y cajas creadas, pero a diferencia del principio, lo hacían únicamente a la espera de ser alimentados. Esos momentos se tornaron en situaciones cada vez más violentas, los ratones se atacaban unos a otros, el territorio que comenzó con “grandes” espacios para unos pocos se había convertido en un espacio claustrofóbico, de estrés, donde se luchaba por mantenerse en “su zona”.
Los machos, cada vez más estresados, dejaron de procrear, lo que Calhoun concluyó como una falta de atractivo por las propias hembras. Estas a su vez cada vez eran menos las que quedaban embarazadas, y aquellas que lo hacían daban a luz y simplemente se olvidaban de los bebés. Calhoun también describió otro pequeño reducto, aquellos roedores que perdieron toda actividad social de un roedor, simplemente dejando pasar el tiempo mientras comían y dormían.
El estrés iba en aumento y los roedores más débiles eran cada vez más apáticos para luego pasar por estados de violencia con agresión al resto. Las hembras, cada vez más aisladas y sin rastro de sus facultades sociales, iniciaban una escalada de violencia sobre sus propias crías que terminaba en muchos casos con la ingesta de la misma.
Las criaturas habían dejado de ser ratones mucho antes de su muerte Así se llegó al día 600 del experimento, el día que la colonia se extinguía de verdad. Quedaban unos pocos ratones que habían sobrevivido al colapso social, ningún ratón joven, ninguna embarazada y ninguna probabilidad de procrear al haber perdido todo rastro de relacionarse socialmente. El experimento, cruel en sí mismo, había sido un éxito. Según explicaría Calhoun:
En cierto modo, las criaturas habían dejado de ser ratones mucho antes de su muerte, una “primera muerte” que arruinó el espíritu y a la propia sociedad de manera tan profunda como lo haría la “segunda muerte” del cuerpo físico.
Un experimento aterrador que da que pensar. Los ratones lo tenían todo para sobrevivir, todo menos espacio. Y es ahí cuando surge el nuevo problema, un colapso social que afecta a las capas de cada mamífero, rompiendo la figura de cada uno desde el interior. |