Viernes de rodilla andante
viernes, 24 de mayo de 2024

Viernes, ya apenas faltan 48 horas para que emprendamos viaje hacia el Sur. Son las nueve y poco de la mañana, hemos terminado la clase de abdominales con Maite y el día luce plácido y agradable. Mi rodilla teóricamente se está recuperando, pero sólo en teoría porque aún me duele a nada que muevo la pierna; en fin.
Ante la inminencia del viaje a Granada, dedico un rato largo a preparar mi equipaje, mis ropas y calzados. Tras ese rato de concentración y elección, me digo a mí mismo que ya habrá tiempo el sábado para rematar la faena y que es mejor idea aprovechar la mañana para salir a airear mis pensamientos y a ventilar mis emociones. Mi estado anímico es muy luminoso y siento que es una idea realista salir a dar un voltio y poner a prueba mis capacidades locomotoras.
Dicho y hecho; pensado y hecho.
Me encamino al Casco Viejo usando los recién estrenados ascensores de Solokoetxe; mi rodilla es demasiado sensible a todo lo que sea bajar, bien escaleras, bien rampas con cierta inclinación. Una vez en el Casco me animo a entrar en la Plaza Nueva con la idea de echar un pitillo y un zurito, cosa que hago en el exterior del bar que comparte esquina con el Muga; tan a gusto viendo pasar guiris y demás fauna madrugadora.
El Casco está atestado de visitantes foráneos; algunos en grupos comandados por guías locuaces y entusiastas.
Cruzo el puente del Arenal; voy sin destino fijado. En un momento dado me planteo echar un vistazo por el Decathlon, por si surge algo que me venga bien para las vacaciones en Órgiva; y hay suerte.
Me compro dos pares de zapatillas veraniegas, uno de ellos es para actividad acuática, el otro para uso casero (por cierto que éstas son super cómodas).
A medida que avanza la mañana y yo con ella, mi rodilla se amolda a la situación y me permite caminar, con un ligero dolor a cada paso, pero llevadero. Así que me animo a regresar al barrio deshaciendo el recorrido de la bajada: puente del Arenal, Casco Viejo, ascensores de Solokoetxe, un zurito y un pincho de huevo con langostino en el bar Maite, y a casa a preparar la comida...
Ensalada de lechuga, rúcula y cebolleta; filetes de pechuga de pollo albardados. Comida perfecta para asentar bien el estómago y pasar una tarde relajada.
Raquel hace la siesta en la cama y yo dormito en la butaca.3
Cenamos tortilla francesa con queso de Burgos en taquitos, y, en mi caso, un tomate de pera aliñado ligeramente.
A las nueve y poco a la piltra a ver un nuevo capítulo de la serie «Marbella», y a sobar con media pastilla de Dormidina.

#decathlon

© Zalberto | enero - 2026