.jpg) Dado que Esther le ha dicho a Jorge que si vuelve sin un jamón alpujarreño bajo el brazo, que no se tome la molestia de ir a tocar el timbre de su puerta, dado que ésta es la situación no nos queda otra que subir a la Alpujarra Alta a comprar una pierna curada de cerdo, concretamente a Trevélez. En el origen de todos los grandes viajes de la historia siempre hay una mujer poderosa que mueve los hilos del destino; jeje. Partimos después de hacer piernas con Maite, y después de que todos pasáramos por el remojón matinal en la piscina. Partimos en el SUV de los alegres divorciados; me encanta: circular en el asiento de atrás, todo para mí, ajeno a los malestares y sustitos de Raquel, ajeno a la sinuosidad del trazado de la carretera, tan abundante en curvas y requetecurvas; me encanta viajar así, viendo el paisaje, dando la chapa, disfrutando del silencio de mis pensamientos, de mis ensoñaciones y de mis meditaciones filosóficas; jaja. Llegamos a Trevélez. Aparcamos en la plaza del barrio del medio, donde la vez anterior. Caminamos sobre nuestras pisadas y aposentamos el culo en la misma tienda, para beber cerveza y comer jamón y queso; jeje. Trevélez está muy bien, sin duda, pero el jamón predestinado a nuestros estómagos nos estaba esperando en Jamones Juan Manuel, en Pórtugos, el secadero donde compramos hace unos días el jamón que Raquel regaló a Rebeca. Previo al momento jamón paramos en Fuente Agria para que Jorge conociera aquello; fotos y poco más, Jorge no es hombre de tiempos perdidos en elucubraciones metafísicas, o estéticas al menos; jaja. Compramos el jamón sin contratiempos inesperados y emprendemos el regreso, habiendo prevista parada técnica en Pampaneira para refrescarnos el gaznate con cerveza. Y fue divertido. Nos instalamos en la terraza de un garito de la Plaza de la Libertad en el que nos atendió una «soriana» de pro. Joder qué bueno, fue llegar y presenciar cómo espantaba a un trio de turistas que habían tenido la osadía de ocupar una mesa para seis siendo tres... imperdonable evidentemente. «Hagan el favor de cambiar a una mesa de las pequeñas, que si me viene un grupo de seis, eh, ¿dónde los siento?, tengan un poquito de lo que hay que tener». Qué bueno, el trio se las piró de mala hostia; normal. El caso es que no se deberían quejar, ya que les ha dado un argumento muy emotivo, uno de ésos que dan para criticar y desoyar durante el resto de la mañana; jajajaja. Sin más. Regresamos a Órgiva. Piscineo, comer y descansar. Fijo que me dejo algún momento en el tintero, pero teniendo en cuanta que estoy escribiendo el 16 de julio, creo que bastante atinado estyo siendo, ¿o qué?. |