 Esa mañana salimos del cortijo con la sana intención de hacer la ruta del Cerro Salchicha, si no completa sí al menos una parte, la que mi rodilla permitiera. Así que preparamos todo en el coche y partimos en dirección la Contraviesa.
Serían las nueve y pico cuando aparcamos en el restaurante de la Haza del Lino. Varias mesas ya estaban ocupadas por moteros desayunando y más gentes variadas. Nos sentamos y pedimos tostadas con cafecito. Los gatetes merodeaban por las mesas a la expectativa de que algún comensal les invitara a un picoteo; nosotros les dimos pedacitos de pan y jamón, jejeje.
El caso es que estando allí sentados, a la sombrita mañanera y tan a gustito que decidimos abortar la expedición salchichera y hacer un giro radical en el guion: deambular en coche por las carreteras de la Contraviesa. Tras unas deliberaciones concienzudas nos inclinamos por tomar la carretera que de la Haza se dirige a Polopos, y una vez allí ver qué opción nos apetecía más. Decisión unánime.
Carretera de Polopos; en un cruce tomamos la dirección de Albuñol, un pueblo costero del cual habíamos oído hablar muchas veces, pero que no conocíamos.
Ya cerca de Albuñol, la carretera, maravillosa, nos lleva hasta un lugar increíble, el Barranco de las Angosturas. Un lugar mágico. Nos detenemos a tirar instantáneas y a cambiarnos de ropa, para vestirnos en modo playero veraniego. Albuñol está situado a lo largo de una rambla, la Rambla de Albuñol, todo ella poblada de mares de plástico, al estilo almeriense. Un pueblo grande, con todos los servicios, muy activo, con sus supermercados y esas cosas.
Guiándonos por el Maps ponemos rumbo a Playa La Mamola, un pueblecito costero que el Maps parece pequeño, recogidito y con encanto. Allá que nos vamos. Playa La Mamola es un pueblo que se extiende a lo largo de un paseo marítimo de categoría, bien montado y tranquilo. Tenemos suerte y encontramos para aparcar en el mismo paseo. El sol ya empieza a calentar las orejas, así que buscamos un bar para echar una cervecita; lo encontramos: Restaurante Puga, limpio, con su terracita coqueta y con todas las mesas ocupadas excepto una, la nuestra, jajaja. Ahí cayó un tercio y su tapa rica (que no recuerdo).
Sin más que hacer allí, reemprendemos ruta. Siguiente destino: Castell de Ferro. Antes de llegar ya hemos hecho una reserva para comer en un chiringuito de playa, el Chiringuito Essencia.
Castell de Ferro es similar a Playa Mamola, pero mucho mucho más grande. Y dado que son casi la una, nos dejamos de chorradas y vamos directos al chiringuito a tomar posesión de nuestra reserva, y, que con un poco de suerte, nos den de comer aunque nos hayamos adelantado una hora a la reserva; por cierto que aparcamos de cine, junto al Ayuntamiento, por comentar.
En el chiringuito nos acomodan en una mesita a la sombra, desde la que se ve la playa, el mar y se chismorrea perfectamente al resto de personal, jejeje. Y pedimos para comer: - ensalada de ventresca, aguacate y tomate - almejas marinera - salmonetes plancha - y café con Baileys Una comida estupenda; quizás los salmonetes nos dejaron un poco "así", pero tampoco tan mal, sencillamente que eran pocos y pequeños; bueno. El resto de la comida de diez; la ensalada suculenta y abundante; las almejas deliciosas; para beber un blanquito fresco, por supuesto; y para rematar el café con hielo y copita de Baileys.
Y emprendemos regreso por la autovía, que las ganas de descansar en el cortijo se imponían a las ganas de seguir haciendo ruta por carreteras comarcales. Un día perfecto. Un día rematado por la victoria en la Eurocopa: España 4, Alemania 1. Mejóramelo si puedes :D |