Resonancia magnética
miércoles, 21 de agosto de 2024

Hay que aprovechar que Indalecio es un gran madrugador para poner pie en tierra a una buena hora y disponer de mucho margen de tiempo antes de salir en dirección a General Eguía 22, a lo de la resonancia magnética, Tiempo necesario para no padecer de agobio injustificado, tiempo para tomar café de tranqui, para cagar las veces que fuera preciso, tiempo para una reconfortante ducha y un gratificante afeitado, tiempo para dejar un buen rato ante las noticias y los recuerdos de bitácora.

La cita es a las ocho y media y están los tejados de Bilbao húmedos de llovizna pertinaz; hace fresco, el termómetro de la ventana marca 22,1º: ni eligiéndolo lo hubiera hecho mejor. El atuendo es el de todos estos días, semanas, meses: bermuda tocho y camiseta negra; en los pies las deportivas ésas que me gustan bastante y que me siento cómodo en ellas incluso sin calcetines.

Voy camino la boca del Karmelo con The Brook and The Bluff entablando amistad con el menda; les estoy dando una gran oportunidad escuchando con atención todos sus LP´s, y por suerte para ellos voy descubriendo temas poperos que me agradan bastante; pero no deben confiarse que nunca se sabe.

Son las ocho y cuarto cuando me acomodo sobre el mostrador de la recepción del negociete de las máquinas resonantes. Me solicitan tarjeta sanitaria y carnet de identidad; menos mal que tuve la ocurrencia de coger la tarjeta de Osakidetza, incluso pensando, listo de mí, que fijo que no la iba a necesitar, jeje.

El caso es que poco antes de las nueve se escucha mi nombre en voz femenina. Me acompaña la muchacha en bata blanca hasta un "probador" (tenía su espejo, su silla y su perchero; y un mueblecito con una pila de prendas de un azul intenso que resultaron ser batas de papel). «Desnúdate, te dejas sólo el calzoncillo y los calcetines y te pones "la bata"», me suelta así, mecánicamente, sin rastro de emoción en su voz; mucho mejor un poco de frialdad en un momento tan "así".

Con toda mi hermosura recubierta en papel azul añil me aposento sobre la camilla de la máquina... no sé cómo definirla o describirla, o ambas cosas; tendré que buscar un poco de información en la red, no me gusta sentir este vacío de conocimiento, qué menos que un mínimo de datos; se hará. «Tienes que permanecer totalmente quieto mientras dura la prueba, que viene a ser unos quince o veinte minutos». Lo de estar tanto rato quieto no me ha molado, pero lo que no me ha parecido nada técnico es lo de dar un margen de histéresis tan amplio, 15 ó 20, es una barbaridad imposible de aceptar.

Pero no me queda otra que conformarme con todas las circunstancias y paso los siguientes quince o veinte minutos intentando no respirar, o mover los párpados, o no prestar atención a los picorcillos molestos que siempre aparecen cuando uno se autoimpone no moverse. Finalmente aquello termina, me levanto, me restituyo en mi elegancia interior y regreso a las calles con la sensación de haber puesto una marca en cruz sobre un checkbox en la lista de las tareas importantes pendientes; importantes no sé porqué, a buenas horas la resonancia cuando se pidió en abril; en fin, su puta madre.

Para dar por concluida el asunto "resonancia" he pedido cita con Leticia dejando pasar una semana (el tiempo que tardan en colgar el resultado en su intranet médica) para el viernes 30, a ver qué me cuenta; me cae bien Leticia, y también su compinche Libe; dos muchachas inteligentes, muy del estilo de acá, como me gustan a mí, como mi Raquel, bueno Raquel mola mucho más, es así, pero que no se entere que se viene arriba, jeje.

#mini - #rodilla - #resonancia

© Zalberto | enero - 2026