.jpg) De regreso del trabajito bricolajero en La Peña nos encaminamos sin pausa hacia la Plaza Nueva, donde dice Raquel que sobre la una hay un alarde de txistularis, miles, jajaja. Las Siete Calles comienzan a ser un hervidero de gentes variopintas. En la Plaza Nueva ya están los músicos acomodados en su sitio en el interior de una horrible carpa negra que cubre un escenario típicamente festivo y típicamente vascorro. El sol se asoma con timidez por entre las nubes de agosto que recorren el cielo mañanero. Voy cargando en la espalda una mochila en la que pesa más de lo deseado mi taladro inalámbrico y no mejora las sensaciones el hecho de que comience a sentirse un cierto calor sobre nosotros. Nos sentamos a echar una caña en el murete que cierra la plaza, pendientes de las mesas de las terrazas: hay que estar al loro si se libera alguna. Al poco rato la suerte nos acompaña: se libera una mesa estupenda perteneciente a la terraza del bar del jamón. Desde esta terraza tiro las fotos que se ven en esta entrada. Pues lo cierto es que el hecho de pillar mesa bajo sombrilla hizo que nuestras sensaciones y nuestras emociones se enfocaran claramente hacia lo positivo y lo alegre, iniciando una deriva inevitable hacia la golfería y los malos hábitos. Más de una hora en la Plaza Nueva y dos medias raciones de sabrosos embutidos ibéricos (y sus cervecitas correspondientes) es el resultado de tan buenos augurios. Finalmente decidimos que mejor vamos yendo poco a poco a casa, que tampoco hay que abusar. Ascensores de Solokoetxe, una en el Bar Maite y cerramos la movida en donde Karim, con unos blancos y unos champiñones. Suficiente. En casa se remata la jornada no haciendo básicamente nada, yo menos que Raquel, yo ni cenar. Unos capítulos de Breaking Bad y a sobar. Un día muy entretenido, comenzando con bricolajes pendientes y terminando con las cositas habituales (algún día habrá que dar la vuelta a todo esto, pero algún día...) Es domingo noche y ya no hay pirotecnia nocturna: se celebra el Entierro de la Sardina.
Nota musical.- Lo de los txistularis... un horror. |