 «Un viernes repleto de actividad», responde a la perfección a la definición del sustantivo "título". A partir del punto de arranque las posibilidades se tornan muy dispersas y opcionales; posibles. Mi pensamiento tiende al ahorro de combustible, lo que se suele denominar como "pereza" o "vagancia" o ambos, ambos precisos pero limitados; da igual. Suele pasarme que en el arranque, como he dicho, me dirijo con determinación hacia una opción esquemática, y sí, suele pasarme que al cabo de un tecleado cansino de letras cierta fluidez de ideas y de ganas se va abriendo paso desde alguna región desconocida de mi mente (todas los son), y sí, suele pasarme que la redacción adquiere un tono de verborrea y que de mis dedos brota un caudal de palabrería que desemboca en párrafos intrincados; sensaciones que son bastante habituales, que han perdido la capacidad para la sorpresa. Sí, suele pasarme que hablo mucho y dejo lo importante en las zonas de silencio, en lo recóndito de mi mente. La semana pasada, el día que me hicieron la resonancia me comentaron que dejara pasar una semana para pedir la cita con mi médico; elegí el viernes 30 a las 10:10 para la visita y decidí incluir una entrada alarmada para no olvidarme de ello. Sí, lo que lleva alarma es por algo, en este caso también. Me levanto pronto para tener tiempo de sobra y poder encajar sin esfuerzo todas las pequeñas cosas que suelo hacer al levantar; y tener tiempo como para ir Sani dando un garbeo por la ría, como tantas veces. El tiempo es perfecto para caminar. Poco antes del edificio de IDOM observo que se acerca trotando mi primo Koldo, el deportista bajito, el que habita en la casa de mis padres... No me apetece entrar en muchos detalles, mi pensamiento se inunda de sentimientos y emociones, recuerdos y discursos innecesarios. Prefiero dejarlo pasar. La pausa koldoreña mi roba el buen margen de tiempo del que disponía y tengo que acelerar para llegar antes de las 10:10; y lo consigo: son las 10:05 cuando me desparramo sobre un silla en la sala de espera, chorreando por los sobacos y las patillas. Muy poco después escucho mi nombre; el momento de la verdad ha llegdo, jajaja. A Leticia le acompaña una compañera bisoña, creo. Comentamos trivialidades y pasamos al asunto que nos atañe: impresión del informe, resumen y conclusiones. El menisco está tocado y todo lo que lo rodea está en un estado delicado; en plan medio mal hay ligamentos, cartílagos y cositas con unos nombres preciosos. En fin, el menisco. La Leti solicita cita para traumatología, que se supone que tardará meses, y que en esa consulta será el momento adecuado para tomar una decisión: operar sí o no. Me inclino por no operar, pero me doy margen para otras opciones, el tiempo lo dirá. |