Arbancón en la Edad del Hierro (s. V a. C.) 5ª parte
viernes, 06 de septiembre de 2024

El libro "El iris y el Sol", escrito en egipcio antiguo, desarrollaba una técnica para aprovechar los fotones del Sol y cada mañana al alba salían, su tío y él, a practicar los minutos de contemplación solar, en aquella mítica ciudad.
Llevaban un mes en Tartessos cuando les llegó la noticia del fallecimiento de ARBISKAR, el rey que había usurpado por la fuerza el reino arévaco. Su tío no tuvo mas remedio que contarle el secreto que le cambiaría la vida. Quien creía que era su padre se había casado con su madre después de que falleciera en combate su padre biológico (ANMES, el primo de su tío Kaio Ancón, heredero del reino arévaco). Con la noticia del fallecimiento del rey usurpador, Kaikoko tenía la posibilidad de hacer valer sus derechos arévacos. Afectado y perplejo siguió el consejo de Kaio y pidió una entrevista con el rey de Tartessos, para exponer su inesperada situación. El rey (un nieto de Argantonio) le reconoció al instante, pues había luchado junto a su padre y enseguida le fueron familiares sus facciones. Le contó como su padre murió por salvarle a el la vida y que le había dejado unos mapas y unas joyas que fueron a buscar inmediatamente. Se las entrego y le recomendó salir cuanto antes hacia la ciudad de Kaiseda, con 12 de sus mejores guardias, un salvoconducto, un diploma de oro acreditativo de su personalidad, y proclamar cuanto antes su intención de presentarse a la elección. Reyes elegidos por la población, así eran los arévacos, sin su voluntad ningún rey gobernaba.
Se enviaron seis correos inmediatos a las principales ciudades arévacas para presentar su propuesta, anunciando su intención a todo el pueblo. Mientras tanto dirigió a un grupo de herreros tartésicos, en la fabricación de un carro metálico que se le había ocurrido, aprovechando las facilidades que el rey le concedió, en 24 horas lo tuvieron listo y partieron hacia Kaiseda, con dos baúles llenos de libros de la biblioteca Atlantis y cosas que adquirió en el último momento.
Sobre la Gran pirámide de la ciudad de Kaiseda, ardía ya el fuego verde, señal inequívoca de la propuesta de un rey, transmitida desde allí, al Ocejón, al Alto del Rey, hasta el Moncayo, a todos los rincones del reino. En la ciudad de Sekontos - Segontia - Sigüenza, rápidamente organizaron un voluntariado para ofrecer un ejercito digno al rey Herrero, como ya se le empezaba a nombrar. Todos los herreros del reino le apoyaron de inmediato.
El carro que había fabricado, respondía muy bien a las condiciones duras del camino, y apenas retrasó la marcha. Durante el viaje analizó uno de los mapas de su padre biológico, dándose cuenta que correspondía al interior de la pirámide de Kaiseda, construida por sus antepasados en la edad del cobre, una serie de pasadizos y galerías conducían a un salón marcado con una x en una de sus esquinas.
Tras 14 días ininterrumpidos de viaje, llegaron a Kaiseda donde le esperaban sus padres y un ejercito de unos 300 hombres llegados desde Sekontos-Segontia y sus alrededores. El gobernador de la ciudad también le mostró su apoyo y le ofreció sus aposentos, cosa que Kaikoko, muy amablemente rechazó. Se instaló en la vieja fortaleza de Hita, que desde ese día mandó reconstruir, y desde allí se comunicó, mediante señales luminosas, con todas y cada una de las ciudades arévacas para comprobar su nivel de aceptación y de adhesión. En pocos días tuvo constancia de que la mayoría de las ciudades estaban a su favor, tan sólo tres apoyaban al sucesor de Arbiskar. Su padre, que había sido un antiguo comandante, le aconsejó visitar fuertemente armado aquellas ciudades cuanto antes, sobretodo NUMANTOS - NUMANTIA.
En Arevancón habían convocado al consejo "montañés!" y facilitado después la formación de un cuerpo de 400 guerreros a caballo a favor del candidato a rey. Todas las fraguas de la serranía fabricaron espadas, cascos, corazas y escudos, para ponerse pronto en marcha hacia esas tres ciudades discrepantes.
La noche antes de la partida, acompañado de su tío y su padre adoptivo, bajaron a las galerías de la pirámide y siguiendo las indicaciones del mapa, atravesaron varios pasadizos ocultos, descendiendo por unas escaleras hasta la galería que comunicaba con el salón marcado. Allí estaban los sarcófagos, las tinajas y las urnas que contenían los restos de sus antepasados, también había armas, inscripciones, relieves de animales y guerreros, mapas celestes, ... Kaikoko se dirigió a la esquina señalada y se percató de la existencia de una trampilla oculta, levantaron entre los tres la pesada losa que lo cubría, apareciendo otra sala pequeña, cuando pasaron la luz de el candil y vieron aquello, los tres enmudecieron.
Continuará
El alberto

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