Areva había conocido a Sekontos en el funeral de su padre KAIO ANCÓN, un eminente astrónomo que sabía casi todas las lenguas de su época y había estado en varios continentes, también fue su maestro, de él aprendió que la mayoría de las letras íberas nacieron como representación de las formas de las constelaciones y que todos los lenguajes escritos de occidente provenían del ibérico-tartésico, algo que comprobó en los textos griegos, en los fenicios, etruscos, egipcios, cretenses. malteses, ...., así como en las runas celtas empleadas por los irlandeses, ingleses, franceses, suecos, noruegos, etc., de su tiempo. Areva también aprendió mucho de él, sobre todo de mecánica egipcia y mesopotámica con la que consiguió poner en marcha su molino de precisión. Enterraron a Kaio con su espada en el túmulo de Arbancón, le dieron todos los honores y un lugar preferencial junto a la cabecera de losas blancas que cubría el dolmen de corredor hacia el Oeste. El rey Kaikoko había mandado poner su nombre a la máxima cumbre del Sistema Ibérico, que desde entonces se llamo MONT-KAIO (Moncayo, 2.315 m, Soria). Era el padre de Areva un arbanconero que, a la chita callando, había navegado hasta las islas Británicas, recorrido el Mediterráneo en sus dos orillas y traído desde Asia las primeras sedas conocidas en occidente. Sekontos, al término del funeral, la sorprendió con una pregunta sobre la mecánica de fluidos, que ella entendió como una broma pues la solían decir que era la mujer mas húmeda de todas por haber descubierto el secreto de la humectación del hierro, y le contestó que se exiliara al eje de una rueda, como para evadirle, pero a él le pareció una idea tan inspiradora que siguió preguntando sobre ejes, fuerzas y singularidades. Ella lo miro con detalle descubriendo que llevaba tatuadas en el brazo todas las constelaciones, al igual que su padre, y comprendió que su interés era realmente por la ciencia. Esa noche, en la celebración de homenaje al difunto, bebieron los dos mas cerveza de la cuenta, cantaron y bailaron hasta altas horas y terminaron engendrando a los gemelos CASTOR Y POLUX en el Sotillo. No era ningún escándalo, pues los funerales en la edad del hierro, se celebraban con fiestas y homenajes al difunto. Vestido él de lino y ella de seda se casaron a los pocos días, celebrando el rey una gran fiesta, con música (ibérica, celta, tartésica, ...) y variedades (teatro, circo, magia, ...) para la boda de su mejor amigo, cervecero y consejero. Acudieron músicos, con nuevos instrumentos sonoros (cuernos complejos con boquilla de hierro y cordófonos fenicios), que interpretaron las canciones tradicionales pero con una sonoridad diferente que cautivó a los asistentes. Canción de los maestros arévacos: Que las letras son 24 no es ningún teatro pues sabe todo arévaco que 12 y 12 son 24. Como las horas del día, o los 20 árboles y las 4 gramíneas esenciales. Como los 20 números y las decenas, centenas, miles y diezmiles. Las letras son como el Sol, representan una constelación, penetran dentro de ti, calentando tu interior, consiguiendo mejorar, tu nivel de comprensión. Canción preferida del rey Kaikoko: Pom pom pom, suena el son, del martillo pilón, así trabaja el hierro el herrero de Arbancón. Mueve el fuelle, saltan chispas, bufa el fuego, sale humo, se rinde al rojo vivo el metal sobre el yunque un golpe brutal. Pom pom pom, el martillo pilón corazón de la fragua en Arbancón. Cantadas en íbero-arévaco y compuestas por Kaio Ancón. Continuara. El alberto |