 para comienzo jornada, ver entrada El famulio vuela a la península italiana
Son las diez cuando dejo al famulio en la zona de Llegadas del aeropuerto (esto es la típica historia albertina, en la que me lio con las opciones de los carriles etc jajaja). Conduzco de regreso a Santutxu, aparco a oscuras en mi plaza de la quinta planta y antes de subir a casa me paso por donde Karim a comerme n pincho de tortilla con zurito tostado y a encargarle otro y un sandwich rico. Son las diez y media cuando subo a casa y me dispongo a organizar los trabajos.
Antes de poder dar la primera mano a la pared del cabecero de nuestra alcoba no queda otra que vaciar el arcón de la cama para poder moverla con más facilidad. Hay de todo: sillas plegables, mochilas, pesas, edredones, mierdas variadas. Amontono como puedo los trastos en sitios que molesten lo menos posible. Muevo la cama, limpio el suelo y cubro todo ello con un plástico que llevaba conmigo unos cuantos años y al que algo me decía que acabaría en la basura, pero no. Y comienza el baile.
Sobre las 12:30 termino de dar la primera mano de verde helecho. Limpio los rodillos y el material en general. Descanso un poco y me como el pincho de tortilla y el sandwich. Son las tres de la tarde o así cuando procedo a dar la segunda mano. Todo discurre sin incidentes reseñables.
Tras unas ligeras dudas me pongo manos a la obra con el repintado del cabecero. Es un trabajo muy fino y me da un poco de susto pensar que me quede malamente; pero no me arrugo. Cubro los espejitos con cinta de carrocero que corto con esmero y coloco con cariño; queda bien, guay. Y procedo a pintar con la pintura a la tiza que sugirió Raquel y que finalmente compramos. Es una tarea delicada y complicada; además no tengo claro cómo aplicar la pintura ni qué diseño de brochazos es el más adecuado. Tras unos inicios dubitativos compruebo que hay un diseño que queda bien, una especie de pintar cada espejito como si fueran rayitos de sol o radios de un círculo cuadrado o algo así.
Son casi las siete cuando doy por finalizados los trabajitos del día. Toca cenar y descansar en la butaca con mi gatito precioso. Huevos revueltos con sardinillas de lata; riquísimo todo. Un buen rato de tele y a dormir a ras de suelo. Caigo en el colchón verdaderamente cansado, pero satisfecho por los resultados obtenidos. Mañana más. Buenas noches. |