 Mientras el famulio continúa con sus andanzas florentinas, yo me he puesto, por fin, manos a la obra con la restauración de la sufrida pared de tras la puerta de nuestro dormitorio, el paño que suda humedad cuando el invierno y la calefacción hacen acto de presencia; ya hace unos cuantos años que hice la reparación con aislante etcétera y el paso del tiempo ha generado un aspecto mohoso y insano: restauración urgente.
Con un par de manos de pintura fungicida de la marca Juno, a brocha y estirando buena capa, he dejado la pequeña pared con un acabado limpio y reluciente; satisfacción moderada porque sé que el paso de tiempo hará que regresen los fantasmas del pasado, pero me da igual, disfrutaremos de un período de gracia que merecemos y deseamos.
Tras pintar tocaba adecentar y preparar la zona de la pared de la ventana que sufre periódicamente las inclemencias del tiempo; la lluvia intensa que acompañada con vendaval filtra el agua en la cámara de aire y mana en forma de manchas por la parte inferior, justo entre el marco y el radiador. Esta pared también ha sido objeto de mis atenciones en varias ocasiones, pero nunca la reparación ha sido definitiva. Este año, hoy, ayer, mañana, repetiré el ritual del Aguaplast, y que sea lo que dios quiera.
Cerca del mediodía me doy un garbeo rápido por el barrio buscando un lugar donde descansar y libar cerveza; pero ha sido en vano: todo estaba saturado de vecinos domingueando sin control. He regresado a casa sin aflicción. Una ensalada rica mientras devoro un video en YouTube; prehistoria y arte rupestre paleolítico. Adjunto videos visionados en la cocina y en la butaca (con soporte gimnasias).
La tarde la paso descansando en la butaca al calorcito de un gato negro, viendo bobadas y sorbiendo traguitos de Licor Carmelitano. Son poco más de las ocho cuando recojo velas y me instalo en mi cama echando un ojo distraído a un episodio cualquiera de "Pesadilla en la cocina", hasta caer en la somnolencia. Otro día productivo y tranquilo. |