 He despertado al mundo con una euforia incipiente manando de mi mundo interior, de donde crecen las malas y las buenas hierbas, una emoción contenida fruto de la imagen que me devuelve el espejo de la visión de mi silueta, más fina y moldeada que hace unos días; cosas de sólo ingerir líquidos. Con esa fuerza renovada me preparo con alegría: quiere salir a lucirme y a sentirme mejor. Son casi las diez cuando salgo, el tiempo está muy revuelto, en las cadenas televisivas hablan mucho de ello, del huracán Kirk y todo eso; yo voy bien pertrechado con mi macuto y mis objetos antiaguas. Voy sin rumbo fijo, caminando sin más por mis senderos imaginarios de siempre. Al poco rato me llama Iajone, la enfermera de Susana, para preguntarme si me puedo pasar por la consulta las doce menos cuarto. Menudo alegrón, por fin mi llama. Encantado le digo que allí estaré. El plan cobra sentido: objetivo Deusto a las doce menos cuarto. Recorro el Campo Volantín hasta el puente de la Salve, que subo en ascensor. Dejo el Guggen a mi izquierda y me encamino al centro comercial Zubiarte, sin un plan concreto, a mirar sin más. En la tiende de segunda mano de junto a la entrada principal me pruebo unas bermudas vaqueras de suave tejido que me molan; pero no me cierra la cintura... en fin. Zubiarte, parque de los patos, puente Euskalduna, chino y Tyger, consulta; son las doce menos cuarto. Susana me mira, me remira y concluye que todo marcha como debe. Me quita todos los puntos, me da permiso para comenzar con sólidos viables y me aconseja dejar la Clorhexidina y aplicar solo en la herida una pomada a base de la susodicha, una que ya me recomendó en otra ocasión. Me reincorporo a la rutina callejera de muy buen ánimo y deleitándome pensando en el menú que podía prepararme... ¡¡¡Patatas con Merluza!!! jajaja. De regreso me bajo en la salida de Zabalbide para comprar pescado en el BM y una botella de Monopol. Vaya, por fin, comida... ay jajaja. Y eso es lo que pasó después, que preparé caldo con la cabeza y las espinas y con él unas exquisitas patatas con merluza y cebolla pochada: buenísimas. Durante la preparación nos triscamos la botella de blanco, riquísima también. Bueno, en fin, esto coge otro cariz mucho más amable. Susana me tiene que volver a ver la semana que viene y seguir con la planificación que ella considere más adecuada, yo me pliego con gusto; seguiré informando. Raquel tiene clase de yoga; yo la espero con una tortillita francesa con tiritas de jamón serrano; yo sin jamón. En la cama aún ponen capítulos de la 5ª temporada de Breaking Bad, tope interesantes jajaja. |