/14.Chulilla.jpg.transform/rp-rendition-md/image.jpg) Los cinco vertiginosos kilómetros que separan Chulilla de la presa de Loriguilla, los recorrían a diario, durante la década de 1950, los operarios que debían construir el pantano. Lo que entonces era un cansino camino al trabajo, hoy se hace llamar la Ruta de las Pasarelas de Chulilla y es uno de los senderos más frescos y pintorescos de la Comunidad Valenciana. Transita entre cortados calizos de hasta 80 metros de altura valiéndose de dos puentes colgantes que nos ofrecen una perspectiva genial de este paraje. La Serranía del Turia es una comarca sorprendente que dista enormemente de esa imagen tan exportada de Valencia. Se trata de una de las más extensas de la Comunidad y a la vez de una de las menos densamente pobladas, albergando una de sus masas boscosas más importantes, además de algunas de sus cumbres más elevadas. Una de sus joyas es el pueblo de Chulilla, que conjuga con maestría patrimonio natural y monumental, asentado en una ubicación bien singular y ponderada en la que no es fácil ubicarse: bajo la protección de dos muelas y asomada a las hoces del Turia, como cerrando el círculo de un meandro.
El paraíso de Los Calderones
El destino por excelencia de Chulilla y que todo lo ensombrece es la llamada Ruta de los Pantaneros o la Ruta de los Puentes Colgantes, aunque quizá sería más adecuado referirnos a ella como la Ruta de los Calderones, que es así como se llama el paraje por el que discurre este popular sendero. Hablamos de las hoces que forma el Turia entre la presa de Loriguilla y Chulilla, un tramo donde la mano del hombre apenas ha podido intervenir, que se conserva relativamente virgen salvo por algún azud y un par de pasarelas suspendidas, y en el que está permitido el baño. La ruta, interpretada y señalizada, transita primero por la cornisa del acantilado, entre bosque de matorral mediterráneo, ofreciendo panorámicas impagables, para luego zambullirse en el barranco y entrar en un universo completamente nuevo, donde domina un bosque fluvial encajonado entre acantilados inmensos color ocre, donde a veces aparecen diminutos escaladores intentando conquistarlos. La bajada al cañón se hace por unas escaleras bien empinadas, justo antes de las cuales hay un control de acceso en el que se pide 1 € para labores de mantenimiento y limpieza del paraje, y que conducen directamente a la primera de las pasarelas. Tenemos que remontarnos a la década de 1950 para imaginar el impacto que debió tener en la zona la construcción del embalse de Loriguilla, una obra que, por cierto, lleva el nombre del pueblo que inundó y que fue reubicado a 20 km de la capital valenciana, junto a la ribera del Turia para no perder sus esencias, pero ahora con aspecto de pueblo de colonización. Algunos de los operarios que levantaron este coloso, cercano a los 80 metros de altura, caminaban diariamente hasta su puesto de trabajo a través de un par de pasarelas suspendidas que fueron arrasadas por una riada en el año 1957, pero que volvieron a la vida en una oportunísima reconstrucción de 2013. El primer puente colgante es el más impactante, suspendido a 15 metros de altura sobre las aguas del Turia y con 20 metros de longitud; enlaza dos escaleras que nos transportan desde la cornisa del cañón hasta su mismísima ribera. El segundo, que aparece inmediatamente, suma casi 30 de longitud y, aunque solo se encuentra a 5 metros de altura, para muchos es el más pintoresco y encantador, ya que accedemos a él desde la misma ribera del río y se ubica en una zona donde podemos darnos un baño. Desde este segundo, arranca una caminata por un bosque de ribera con vistas extraordinarias y algún paso curioso por un abrigo de roca o una romántica pasarela de madera. [...] |