la clave de la extinción del hombre de neandertal
miércoles, 11 de septiembre de 2024

Un grupo neandertal, aislado 50.000 años, tiene la clave de la extinción de su especie.
El ADN de un neandertal hallado en Francia demuestra la existencia de un linaje desconocido y separado de los individuos secuenciados hasta ahora.
No eran salvajes inferiores dotados de menor inteligencia, pero tampoco pensaban ni actuaban como el Homo sapiens; simplemente, eran “otra humanidad”, diferente a nosotros. Este es uno de los mensajes que deja el libro El neandertal desnudo (publicado en España a comienzos de este año por la editorial Debate), que ha causado un gran impacto en la comunidad científica, porque cambia las ideas tradicionales sobre la enigmática especie humana desaparecida hace unos 40.000 años. Su autor, el francés Ludovic Slimak, lleva varias décadas trabajando en yacimientos neandertales y ahora acaba de publicar una investigación reveladora. La revista Cell Genomics difunde los análisis de ADN de los restos fósiles de un neandertal encontrado en cuevas del valle del Ródano, en Francia, que escondían una gran sorpresa. El individuo estudiado pertenece a un linaje antiguo, nunca descrito hasta ahora, que se separó del resto de los neandertales conocidos hace unos 100.000 años y permaneció genéticamente aislado durante más de 50.000. Los científicos le han llamado Thorin —en referencia al personaje de la novela El hobbit, de Tolkien—, y saben que vivió entre hace 42.000 y 50.000 años. Por lo tanto, es uno de los últimos representantes de su especie.

“El artículo es clave para entender a los últimos neandertales y su extinción”, afirma Ludovic Slimak en declaraciones a El Confidencial. El paleoantropólogo del Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS, por sus siglas en francés) y la Universidad de Toulouse III-Paul Sabatier explica que Thorin pertenecía a un grupo que pasó 50.000 años sin intercambiar genes con otras poblaciones neandertales. Desde nuestro punto de vista resulta casi incomprensible, porque esto quiere decir que durante todo ese tiempo dos grupos separados “que vivían a unos diez días de caminata uno del otro”, coexistieron, pero se ignoraron por completo. “Esto sería inimaginable para un sapiens y revela que los neandertales deben haber concebido biológicamente nuestro mundo de manera muy diferente a nosotros”, añade. Hasta ahora, los científicos pensaban que, cuando se extinguieron los neandertales, había un solo grupo genéticamente homogéneo, “pero ahora sabemos que en ese momento estaban presentes, al menos, dos poblaciones”, comenta la primera autora y genetista de poblaciones Tharsika Vimala, de la Universidad de Copenhague (Dinamarca). Este dato es fundamental, porque permite encauzar las investigaciones sobre la desaparición de la especie, descartar algunas teorías y formular nuevas hipótesis.

Por qué Thorin no encajaba
La investigación no ha sido fácil. Los restos fosilizados de Thorin fueron descubiertos en 2015 en la gruta de Mandrin, al sureste de Francia, dentro de un sistema de cuevas que se excava lentamente desde hace años y que también albergó a algunos de los primeros Homo sapiens europeos, aunque no en la misma época. En un primer momento, los arqueólogos estimaron que este individuo tendría entre 40.000 y 45.000 años, teniendo en cuenta el lugar en el que había aparecido. Para confirmar su edad y sus relaciones con otros neandertales, los investigadores extrajeron ADN de sus dientes y su mandíbula. La idea era comparar su secuencia genómica completa con los genomas neandertales secuenciados previamente. Sin embargo, ahí llegó la sorpresa: el análisis inicial sugirió que Thorin era mucho más antiguo de lo que decían los datos arqueológicos. El motivo era que su genoma era muy distinto al de otros neandertales tardíos, los que vivieron en la época previa a la extinción, y se parecía mucho a los genomas de los neandertales que vivieron hace más de 100.000 años. Durante siete años, el equipo de investigación pensó que alguien tenía que estar equivocado: o los arqueólogos o los genetistas.

El análisis de los isótopos de los huesos y los dientes debía resolver el enigma, ya que esta técnica proporciona información sobre el tipo de clima en el que vivió un individuo. En este caso, los neandertales tardíos pertenecen a la Edad de Hielo, mientras que los neandertales primitivos disfrutaron de un ambiente mucho más cálido. Los resultados mostraron que Thorin sufrió un clima muy frío, así que no cabe duda de que vivió hace menos de 50.000 años. La cuestión era por qué sus genes no coincidían con los de otros neandertales de esa época. “Este genoma es un remanente de algunas de las primeras poblaciones neandertales de Europa”, afirma Martin Sikora, genetista de poblaciones de la Universidad de Copenhague, otro de los coautores del trabajo publicado en Cell Genomics. “El linaje que nos lleva a Thorin se habría separado del linaje de los otros neandertales tardíos hace unos 105.000 años”, añade el investigador. Al compararlo con otros individuos secuenciados anteriormente, se parece especialmente a uno encontrado en Gibraltar.

Conexión con la península Ibérica
De hecho, Slimak considera muy probable que la población a la que pertenece Thorin migrase a Francia desde el sur de la península Ibérica. Si se confirma esta teoría, significaría que existió una población mediterránea desconocida de neandertales que se extendía desde el extremo más occidental de Europa hasta el valle del Ródano. Curiosamente, el momento en el que, al parecer, comenzaron a aislarse de otros neandertales coincide con un recambio poblacional detectado en el norte de España. “Los equipos españoles han revelado el paso de diferentes poblaciones en una misma cueva hace 105 milenios en el norte de España”, comenta el experto francés en referencia a una investigación en la Galería de las Estatuas de la Sierra de Atapuerca (Burgos) publicada en Science en 2021 por un grupo internacional de expertos entre los que se encuentra el español Juan Luis Arsuaga. “Sabemos que en ese periodo los climas son relativamente templados, estamos antes de la gran glaciación”, explica el investigador del CNRS, “vastos bosques primarios cubren muchas regiones europeas”. Ese ambiente es propicio “para el desarrollo de aislamientos en los cuales las poblaciones pueden diferenciarse a lo largo de los milenios”, asegura.

Ahí podrían haber comenzado esos 50 milenios de aislamiento entre poblaciones que nos llevan hasta Thorin, ya en un clima glacial de inmensas estepas herbáceas. Lo curioso es que esa separación radical entre neandertales “no se parece a nada de lo que conocemos por la historia, la arqueología o la antropología cultural en las poblaciones sapiens”, afirma el paleoantropólogo. “Probablemente, estamos tocando aquí las particularidades etológicas del hombre de Neandertal, unas maneras increíblemente diferentes de ser humano y de pensar el mundo”, asegura.

Pistas sobre la extinción y la relación con los sapiens
En cualquier caso, ¿qué nos dicen todos estos datos acerca de la desaparición de la especie? Según los autores del trabajo, saber que las comunidades neandertales eran pequeñas y estaban separadas entre sí podría ser clave para entender su extinción. Generalmente, el aislamiento es una desventaja. “Siempre es bueno que una población esté en contacto con otras poblaciones”, señala Vimala. “Cuando estás aislado durante mucho tiempo, limitas la variabilidad genética, lo que significa que tienes menos capacidad para adaptarte a los cambios climáticos y a los patógenos, y también te limita socialmente porque no estás compartiendo conocimiento ni evolucionando como población”.

No obstante, queda mucho por saber. Los investigadores necesitan secuenciar muchos más genomas de distintos lugares para comprender cómo se estructuraron las poblaciones neandertales y qué las llevó al colapso. “La gran pregunta ahora se centra en las tradiciones y culturas de estas poblaciones neandertales. ¿Son idénticos sus conocimientos y sus tradiciones desde el Ródano hasta Gibraltar? ¿Estamos ante una población biológicamente idéntica que también comparte las mismas tradiciones?”, se pregunta el experto francés. El equipo del paleontólogo gibraltareño Clive Finlayson, que trabaja con los restos neandertales de la colonia británica, puede ofrecer datos fundamentales en un futuro próximo. Una cuestión clave es la relación con el Homo sapiens. La presencia de genes neandertales en la población humana actual ha planteado muchos interrogantes, pero no implica que hubiese una convivencia ni un intercambio entre iguales, como explica el paleoantropólogo en El neandertal desnudo. En primer lugar, esos cruces entre ambas especies no serían recientes. En segundo lugar, los neandertales no tienen trazas genéticas de sapiens. ¿Cómo dos poblaciones pueden intercambiar genes en una única dirección, sin equivalencia? El “misterio antropológico”, como lo llama Slimak, apunta a que no era una relación entre iguales. La coincidencia de la llegada a Europa de los sapiens con la extinción neandertal plantea también la posibilidad de que nuestra especie provocara, de forma voluntaria o involuntaria, con violencia o sin ella, el final de los neandertales. Por el momento, no hay datos para saberlo. “La cuestión de relaciones violentas o amistosas es, en realidad, muy anecdótica. Quiero decir que, en ciertos momentos, y en algunas regiones pudieron existir conflictos, pero esas anécdotas no pueden explicar la extinción de esta humanidad”, nos cuenta el investigador del CNRS. Su siguiente libro, El último neandertal, que se publicará en España el año que viene, explica que la desaparición de esta especie no puede corresponder a un simple evento, “a diferencia de la extinción de los dinosaurios”, por ejemplo, que sufrieron el impacto vasto asteroide. “No es así como mueren los hombres”, asegura, “si esa extinción no se deriva de un evento, entonces proviene de un proceso”. Abordarlo implica entender a los neandertales “y entender lo que nosotros, los sapiens, realmente somos”.

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© Zalberto | enero - 2026