.jpg) Visita en Land Rover al parque nacional de Doñana. Nuestro guía, José Antonio, es un experimentado profesional de la naturaleza, conocedor de fauna y flora, sobre todo amante de las aves, y no me extraña. La visita comienza en El Rocío, un lugar con mucha magia. La hora de la quedada son las ocho de la mañana, por lo que nos damos un buen madrugón, antes de las seis. Y qué decir de la visita: una maravilla, lo hemos gozado a tope. Hemos visto ciervos, aves de todo tipo... Gallo azul (Calamón), Morito, Grulla, Cigüeña blanca , Cigüeña Negra, Halcón, Águiluchos, de todo. Y alcornocales, y arrozales; en fin, una gozada. Y lo cierto es que nos hemos quedado con la idea de regresar cuando las marismas estén a tope, para ver aquello repleto de vida. Una maravilla. Al terminar nos hemos quedado a comer en el Rocío, en el restaurante La Madre, donde nos aconsejó José Antonio. Otra gozada. Sopa de tomate (con pan y huevo frito), y arroz con coquinas (una pasada). Ya digo: de diez. Antes de regresar a la capital aprovechamos que tenemos a tiro la playa de Matalascañas para echar un vistazo y comprobar in situ cómo está aquello. Dejamos el coche junto a un hotel tocho (El Soto) y bajamos a pisar la arena y a mojar los pies en el agua. La playa es una virguería, pero el entorno urbanístico... en fin, no tanto. Antes de reanudar el regreso nos echamos un refresco en el chiringuito El Pichi, muy a gusto la verdad. Es media tarde cuando aparcamos en el PalParking. En el apartamento nos maqueamos un poco y salimos a tomar unos algo por la ciudad. Como era de esperar la zona más ambientada en la de la Plaza de las Monjas, y tenemos suerte al pillar una mesa libre en el Gallo Negro: papelote de jamón, papelote de queso, otro papelote de jamón y caña tras caña. El viejo estilo nuestro, jajaja. Un día perfecto e inolvidable. |