.jpg) Amanecemos en Huelva dispuestos a recoger todo el equipaje lo más rápido posible para emprender viaje a Plasencia con tiempo suficiente como para llegar a comer en el Restaurante Succo, previo pase por el apartamento para dejar el equipaje. Ambos objetivos se lograron con precisión milimétrica. A un cuarto de camino hacemos parada alimenticia a eso de las diez y media en un restaurante de carretera, auténtico como hay pocos, con sus cazadores nativos y sus fobias al sistema a voz en grito. De El Mesón de la Abuela se trata, un sitio que encontramos poco antes de llegar a la altura de Jabugo. Almorzamos a la vieja usanza: café con leche en vaso de cristal y tostada de jamón ibérico con opción a tomate rallado. Raquel hay que ver lo que disfruta con estas cosas, jeje, es adorable. Hay documento gráfico del desayuno... Son poco más de la dos y media cuando dejamos el coche aparcado en un parking justo frente a la puerta de Talavera, una de las cinco de la muralla. Con equipaje de solo noche (un maletón, una mochila a reventar y la bolsa térmica del asunto alimenticio) ascendemos hacia la Plaza Mayor, pues a escasos metros está nuestro apartamento turístico, en el número 22 de la calle Rey. Está en un edificio remodelado que comparte la segunda planta con otros dos apartamentos; nosotros nos instalamos en el Alfonso VIII; los otros son el Carlos V y el Fernando II el Católico, o no. El apartamento es pasote, sin palabras, es mejor verlo, vivirlo. Pero no hay tiempo que perder, la reserva en el Succo es a las tres y cuarto y son y siete, así que... a apresurarse tocan. Restaurante Succo; hay fotos. Mesita amplia y perfectamente dispuesta. Servicio impecable. Comida insuperable. Relación calidad precio de primera. Menú. Espárragos en tempura con no sé qué y no sé cuántos. Ensaladilla de bogavante (mmm). Alcachofas (de éstas no hay foto, snifff). Presa ibérica del copón. Y melón en sopita de hierbabuena (qué exquisitez). Bebimos un cava extremeño, Vía de la Plata, un brut brutal. Todo por 118,50€ que abonó la nena con su tarjeta mágica 8829. Una experiencia el Succo. El resto del día, de la tarde y la noche, lo dedicamos a reconocer Plasencia. Había ambientazo total: feria medieval y todo el pueblo más los turistas andando como pollos sin cabeza de un lado a otro. Y nos costó dar con un bareto donde libar un par de cervezas, pero lo encontramos en el lugar más abarrotado, en una esquina en la que todo dios empinaba gintonis y combinados del pelo. Pero nos apetecía beber vino, qué se le va a hacer. Tras unos intentos infructuosos me vino la idea fundamental, «vamos al Parador»; jajaja, soy un genio. Copita en la barra, copita en el claustro, y más copitas, equis copitas, en el bar de noche. Qué divertido. Pillamos pelín pedete, pero de los graciosos, de los sin conflictos, de los que uno se arrepiente pero sólo por lo de la salud del cuerpo, que no del espíritu. Un día intenso, cansado y bien alimentado. |