Reconozco que durante las vísperas no me aportaba sino desagrado la anunciada visita de hoy a Susana para colocar dos implantes en mi destrozada mandíbula inferior izquierda, lo reconozco. Lo reconozco pero ya a pasado y no ha sido para tanto, y, además, creo que todo ha salido perfecto. A primera hora hago tiempo en casa esperando a que diera una hora adecuada para ir a sacar sangre a la Clínica Indautxu, sangre con la que hacen plasma que después usa Susana como cemento natural. Esta fase ha rulado sin novedad, suave como la seda. 130€ de suavidad. He bajado a la extracción dando un garbeo, llevando, eso sí, un paraguas plegable por si las moscas. Las moscas, de camino a Deusto, me sugirieron que me desplazara en metro si no deseaba pillar una chupa. Es la una cuando aparezco por la consulta y hasta casi las tres estoy allá. Todo bien. Mucha anestesia, mucho brico fino, varias radiografías, y una ayudante con carrera: Natalia. Bueno, pues eso, que salgo de allá con instrucciones precisas: nada de sólidos, nada de fumar, nada de beber, mucha medicación, y un cuidado exquisito en los momentos de las limpiezas; ah, y mucho hielo en la mandíbula izquierda en las dos o tres primeras horas tras la intervención, por lo que me largo a casa rapidito y sin tonterías. El resto del día en modo relax; sólo líquido y un poco de perejil para calmar la ansiedad real y mutarla en ansiedad imaginaria. |