 Lentamente llega el invierno. Un viernes festivo es un día propicio para hacer planes... si el tiempo acompaña. A primera hora abdominales con Maite; Raquel saca la rueda, pero sólo para que se airee, jeje. Una vez superadas las obligaciones físicas llega el tiempo de «¿y ahora qué?»; Raquel decide salir a buscar un arroz adecuado para risotto, que es el plato fuerte del menú, por lo que se prepara convenientemente y sale a patear por el mundo. En el SuperCor de Alameda de Recalde hace un intento infructuoso con lo del arroz; de regreso al barrio hace unas compras en Telenécora: caracolillos, langostinos y dos botellas de blanco gallego.. la sobremesa se presagia espumosa, jaja. Mediodía. Risotto con boletus y otras setas. El vino se bebe, pero sobra. El perejil consolida la narrativa vespertina. En el famulio es tiempo de tristeza y recuerdos. Está por ver qué hará Rebeca; ¿adoptará otro can sin esperar a que el cadáver de Berto se enfríe?; ¿dejará que pase el tiempo para hacer un duelo en condiciones?; ¿aparcará durante un tiempo la idea de no entender la vida sin mascota perruna?. Es pronto para saber qué ocurrirá, aún no hay indicios. Si yo tuviera que apostar, pondría mi capital en la casilla del «sí» y un interrogante en la casilla del «cuándo». Lo real es que cada cual hace que su universo personal sea una prolongación de sus angustias, anhelos y sus inseguridades; hablo por la boca de mi experiencia: pon un Indalecio en tu vida. |