Miércoles de persianas y patatas con bacalao
miércoles, 15 de enero de 2025

Tras un comienzo informático e intenso, y tras no participar en la sesión de abdominales con Maite, me he preparado y he salido a ocuparme de la compra de las dos persianas blancas para las ventanas del salón.
El Google Maps ha guiado a mi Dacia con sobriedad hasta el polígono Ugarte, en Zarátamo. Hace mucho mucho frío, pero voy bien equipado con guantes, bufanda y botas de mal tiempo.
La nave de Persianas Muñoz está en la zona más apartada del polígono. En las oficinas anexas al taller me atiende una muchacha, seria y profesional. Me toma los datos de mis persianas y me dice que las tendré en cosa de minutos; casi me cuesta creerlo. Le pago con tarjeta los 188€ que cuesta el pedido y salgo afuera para hacer un poco de tiempo; intento durante un rato centrarme en la lectura, pues he tenido la prevención de llevar mi ebook; pero en el coche hace frío a pesar de la calefacción, así que al cabo de pocos minutos decido regresar dentro del taller. Antes de abandonar el confort del coche me da por echar un vistazo a la factura y observo con cierta alarma que el color de las persianas que aparece en el recibo es «Marfil».
- Horror, le dije varias veces y bien clarito que las quiero en color blanco, de aluminio blanco-, me lo digo a mí mismo al tiempo que salgo con resolución del coche y me dirijo a buscar a la muchacha de la oficina. Me asomo y le explico el asunto. Ella se levanta como un resorte, con expresión de haber cometido un error. Justo en ese momento una operaria nos hace gesto de que ya tiene las persianas terminadas; pero son de color marfil. Por suerte no surgen pegas y retoman el trabajo, esta vez con lamas de aluminio de color blanco. Uf, un escollo que dejo atrás y me congratulo; todo se mueve con buenos augurios.
Ya en Santutxu subo las persianas a casa, las dejo en el pasillo y bajo sin pausa a comprar en la frutería verduras y hortalizas que voy a necesitar para preparar la comida: patatas con bacalao; y compro tabaco también.
Y nada, que ya vestido con la ropa de trabajo me pongo con determinación a emprender las dos tareas al unísono: las persianas y las patatas con bacalao.
Son las doce cuando ya tengo todo controlado. La persiana colocada y funcionando con suavidad; la cazuela con el sofrito preparado esperando el momento de añadir las patatas, el caldo de pescado que teníamos congelado y las tajadas de bacalao del LIDL.
Qué gran satisfacción haber superado la prueba de la persiana sin contratiempos. De nuevo lo más engorroso ha sido abrir la caja de la persiana, que está construida como para que no se abra hasta el fin de los tiempos; también me he tenido que estrujar la cabeza y buscar un buen método para que al subir la persiana para colocarla en su lugar no se escurrieran las lamas, deslizándose de un modo incontrolable; lo he resuelto extendiendo la persiana en el suelo, bien orientadas todas las lamas, y sujetándolas con una tira larga de cinta adhesiva de las anchas; una vez pegada la cinta y enrollada la persiana, las lamas no se deslizaban y he podido hacer la colocación sin problema; qué guay, qué listo que soy.
La segunda persiana la colocaré próximamente, mañana o pasado mañana. Las patatas me han quedado buenísimas; Raquel ha estado de acuerdo.
El resto del día me he tomado un merecido descanso, ya que mi estado físico no es el más óptimo como para meterme en trabajos tensionantes y dificultosos. Raquel ha acudido a su clase baile moderno y yo la he esperado con una cena a base tortilla de champiñones. Un episodio de la nueva temporada de Chicote en su «Batalla de restaurantes» y a la cama a descansar... los tres, jajaja.

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© Zalberto | enero - 2026