Comemos los del CSD
sábado, 01 de febrero de 2025

Sábado con los 50 del CSD.
Ahora son las siete de la mañana del lunes 3, los recuerdos son bastante nítidos, pero con ángulos difusos. La comida anual con los del CSD siempre es emocionante, lo mires desde dónde lo mires.
El restaurante de este año es elección de Luis. Es el Balicana, en la calle Henao, en la zona de bares y restaurantes, en el meollo vamos. Es un local decorado en estilo muy profuso, con mucha planta artificial y mucho estilo polinesio, como su nombre indica.
La hora de cita era a la una en otro garito de por allá, el noséqué; nosotros, más condicionados por mí que por la nena, hacemos aparición pasadas las dos, cuando ya han llegado casi todos y ocupan media calle, en plan manifestación autorizada. El caso es que ha sido buena idea, ya que según cuentan a la una no había ni dios por allí, excepto Luis y algún otro nervioso -básicamente los organizadores, jajaja-. Bueno, que a lo que vamos.
El Balicana está hasta los topes. Ocupamos cuatro o cinco mesas grandes. Observo que Raquel se ha instalado en una mesa con la Tocino y Mijavi y que ya no quedan huecos, así que busco con la mirada al grupito de las chicas y allí que me voy. Luis me hace un hueco entre Joserra y Amaia, frente a Cinta y Luis; de puta madre. Y comienza el banquete y el despiporre.
La comida es muy aceptable, de las que mejor, si no la mejor; también la más cara, salimos a 60€ por cabeza. Y el cachondeo también es de los mejores, si no el mejor; jajaja.
[ Para no olvidar. Uno de los momentos cumbre. Txerra metiéndose en un jardín, con mi necesario aliento, intentando piropear a las chicas, con lo de que el paso de los años no las ha afectado como a los varones, que ellas están guapísimas y en todo caso «un poco menos tersas». Joder qué descojono. Inolvidable. ]
Menú.
Entrantes. Croquetas de jamón ibérico, excelentes. Gyozas, crujientes y sabrosas. Ensalada de burrata, sin nada que objetar. Pulpo a la plancha, lo más flojo -si decidimos no comer pulpo, por empatía es cierto, pero también porque no es para tanto, a pesar de la fama de manjar que tiene-.
Plato principal. Había que elegir entre carne, entrecot, o pescado, lubina. Yo opté por la lubina y acerté de pleno. Una tajada enorme, en su punto, con una rica guarnición de tiras de pimientos y cebolla fritos y una salsa que no estorbaba; muy rico la verdad.
El postre siempre me sobra. En este caso era una torrija, empalagosa e innecesaria, pero esto es sólo una opinión mía, hay quien todo lo que sea dulce le pone, no es mi caso.
Hubo tinto y hubo blanco, y hubo agua, y muchas risas y muchas voces. Se tiraron fotos; las mejores las de Yuju -quién lo iba a decir¡!-. Y se hizo una foto de grupo en la escalinata muy muy apropiada, jajaja.
Y, una vez en la calle, la pandilla, en modo manifa, se desplaza bastante errática hasta que alguien tuvo la perspicaz ocurrencia de dirigirse a un viejo conocido, el Indian, recuerdo de otras muchas fiestas. Y allí nos quedamos.
En un principio, mientras se pedían las bebidas, me dediqué al charloteo con uno y con otro -con Mikel qué risas-, y ya con la cerveza en la mano me salí a la calle con la peña que fuma y que es habitual en esos modos. Los de siempre: Virgilio, Pau, Arroyo, Txerra, Marco, en fin, y algunos que entraban y salín y volvían a entrar y a salir. Muy divertido todo eh. Pau diciendo que él hace pilpil con cualquier pescado, «hago pipil con la minga», jajaja. Alberto Arroyo refiriéndose a los ERE como «van cortando las ramas del manzano», también qué bueno. Y de todo.
En ese lapso del Indian la gente se va marchando en plan goteo y finalmente quedamos cuatro monos; Cinta y Patxi, Txerra y Luis, Raquel y yo -alguno que no me viene-; y deambulamos oteando los garitos de la zona de alrededor del Antzoki, todos ellos asentamientos de gentuza variada, muy perculera y muy indeseable. Por fin Patxi nos lleva hasta uno, en el que a media tarde pedían QR para acceder -¿?- y que está petado hasta los topes, con una música de mierda hasta reventar los oídos; en fin, que para mí ahí llegó el momento de decir «yo me voy, ahí no entro». Y no entré, me asomé y me di la vuelta; por suerte Raquel compartió mi decisión y ya dimos punto final al festejo -Txerra se iba a ir también, pero justo salió Cinta y nos insistió mucho y logró que Txerra se quedara y se fueron para dentro; nosotros a casa en metro-.
Y entre las doce y la una llegamos a casa. Un poco de bronca gatuna y muchos mimos ya descansar con la voz bastante tomada y los pulmones echando humo; en fin.
¡¡¡Hasta el año que viene CSD!!!

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© Zalberto | enero - 2026