 Un viernes memorable, por lo ful. Una salida rápida al BM a comprar elementales de última hora para la comida familiar del sábado; cebollas, puerros y coles de Bruselas; picoteo embutido para nosotros e Indi. Donde mi China compro escoba y recogedor nuevos, para mandar a tomar por culo a la vieja escoba potrosa de la terraza. De regreso en casa me visto con ropa de faena y me afano, dándolo todo, en la limpieza de la terraza, a base de lejía en spray y mucho frote y mucho dolor de hernia. He preparado salsa de tomate que me requiere Raquel para la sopa y que será el ingrediente principal de la comida del día: espirales de lentejas con coles y tomate -menú que finalmente se cumplió pero no se disfrutó por mor de la borrachera que aconteció durante las horas del mediodía y posteriores, y de la que prefiero no hablar-. Hemos pasado la tarde noche en plan in crescendo, hasta tocar el techo y cruzar la frontera de los modales y las buenas costumbres. Tanta canción que nos recuerda otros tiempos siempre produce empacho y mal humor, y las cosas terminan como el rosario de la aurora; en fin. Durante el duermevela todo se fue aletargando y las lágrimas volvieron a su nicho de vida. Una vez más y, aun no deseándolo, no será la última. |