Esta entrada carece de contenidos narrativos; no hay sucesos de relieve, lo que no sé si es bueno, malo o regular. El día, para mí, ha sido absolutamente casero, sin salidas de ningún tipo. En el tema "compras" no han surgido necesidades de ningún tipo, salir es más por placer que por otra cosa. Para la comida, pasta de lentejas con coles y setas, no he echado en falta ingredientes; para el tema cena, tortillas francesas variadas, tampoco. Yo, mi, he empleado abundantes minutos en holgazanear en la butaca, con un hermoso gato negro sobre mis piernas, dando buena cuenta de los canales televisivos y de las lecturas pendientes, Heródoto etcétera. Raquel está sumida en el agobio de la posibilidad de que le quieran forzar a estar de cuerpo presente en la central, tres días por semana, como los súbditos sin autoridad. Ella esto no lo quiere ni ver; pero habrá que ver qué hace si llega a producirse. En fin, una cotidianeidad sin mucha importancia, desde luego menos de lo que ella cree; se ha acostumbrado a trabajar en casa, a su pedo, con esa flexibilidad tan rica, y no quiere saber nada de cambiar la situación, y no me extraña. Ya digo: "en fin". |