.jpg) En barco cruzamos la bahía para ir al Puerto de Santa María, a visita guiada en la bodega de Osborne. Cogemos el barquito catamarán de las 10:30, por cinco € los dos. El paseo en barco es agradable, una gozada. Al llegar al Puerto hacemos tiempo hasta la hora de la visita, las 12, echando un café con leche y un mollete con jamón en un bar de la Plaza de noséquién. La visita mola. Nos atiende un empleado entregado a su causa. Las instalaciones son de aúpa, una pasada. Compartimos la visita con un grupo numeroso de variados turistas, entre ellos una cuadrilla de trece personas de San Sebastián. Tras las explicaciones y todo el tema, pasamos a la cata de cuatro vinos y un vermú; muy divertido. Después nos echamos unos vinos en la barra de la cafetería de la bodega, picando embutidos ricos. Lo cierto es que lo pasamos guay, pero no podíamos distraernos pues teníamos que coger el barco de las 14:50, ya que si no lo hacíamos teníamos que esperar a que pasara el mediodía, hasta el primer barco de la tarde, más allá de las cinco. De regreso a Cádiz nos internamos por las callejuelas del Pópulo a darle al plimple, demostrando a los gaditanos nuestras capacidades festivas; lo pasamos de puta madre. En el Bar Gorrión Wine nos triscamos 5 copas de vino blanco por cabeza, acompañadas por queso payoyo y yoquésé más. Ya en casa la borrachera se transforma en un drama demasiado habitual, con la nena expresando su malestar por mi comportamiento para con ella; le pido mil veces perdón y es cierto pero cierto que no me siento muy orgulloso de ser de esa manera; en fin. Esto último: para olvidar y no volver a vivir. |