D00-Operación «Hernia» o «El Día de la Hernia»
miércoles, 09 de abril de 2025

Ha llegado al fin el día esperado: a las 8:30 tengo que estar en la clínica de la Cruz Roja de Doctor Areilza.
Como es de imaginar me he levantado muy pronto, a eso de las seis y media; Raquel también. Los dos estamos nerviosos, normal. El caso es que salimos de casa minutos antes de las ocho y nos presentamos en el mostrador de Ingresos a eso de y cuarto. Pero bueno, nos registran, relleno un formulario de ésos de "¿alérgico a algún medicamento?" y en ese plan, y un muchacho nos acompaña a la 1ª planta. Me instalan en un Box; sobre la cama me espera una bata de las que enseñan culo para que me la ponga y me acueste.
Estoy listo para lo que sea.
El muchacho que nos ha acompañado aparece al poco rato con material para rasurar la zona en la que se va a actuar; el caso es que me pela hasta medio muslo; pero bien. Seguido una enfermera cordobesa, jovencita, simpática y bonita, me coloca una vía en la mano izquierda, con dulzura y una gran sonrisa; no puede empezar mejor la cosa. Y allá me quedo, acompañado por mi nena preciosa, esperando a que me lleven al ruedo... ay.
Al rato son los cirujanos, una chica y un chico, los que vienen a visitarme; me toquitean y comprueban que aquello es real (¿?). Me dicen que esté tranquilo, que en breve me llevarán para el quirófano. Pasa casi una hora hasta que me llega el turno.
No me extiendo. Sobre las diez y pico me llevan al quirófano. El anestesista me pone un jeringazo en la vía de la mano y... ¡¡¡hasta luego, Lucas!!!.
Despierto tendido en la cama del Box, junto a la que está sentada Raquel esperando mi despertar. Y, bueno, allí tumbado, con un malestar inguinal bastante soportable, paso unas cuantas horas. Me traen agua, un vaso de zumo de naranja de brick y un yogur insípido; no me apetece comer, ni beber, pero como algo y bebo un poco de ambos vasos.
Al rato viene el cirujano a explicarme cómo ha ido la cosa, y hay sorpresa: no me han extirpado una hernia, sino DOS, una inguinal, la prevista, y otra femoral, la sigilosa. Pero, en resumen, me dice que todo ha salido fenómeno, que me han metido las dos hernias para dentro, que han suturado la zona muscular por donde se escurrían los intestinos, que han cubierto todo aquello con una malla de refuerzo y que, para rematar, me han colocado grapas, unas ocho. Le he pedido a Raquel que mirara en la Red qué es eso de una hernia femoral, y aparte de la explicación fisiológica, ha leído que se dan en un porcentaje muy bajo, que suponen sobre un 2% de las hernias que se operan; así soy yo.
Me han tocado vecinos ruidosos: en el box contiguo unos rumanos hablan alto y ven en el móvil una comedia de ésas con risas enlatadas; en el box de enfrente un hijo cuarentón y tatuado a tope y su madre pequeñarra y barriobajera hablan de sus mierdas a un volumen innecesario. La vecindad me molesta y tiro de auriculares y música a un nivel suficiente para anular el ruido externo; pero me cuesta contener las ganas de quejarme a la dirección (jajaja). La ira siempre se vuelve contra el que la siente, así que opto por relajarme y pasar del tema.
Poco a poco se van vaciando los boxes, pero a mí no me llega el turno, pues para poder irse de alta hay que levantarse y mear, requisitos básicos que en mi caso no puedo cumplir por tener las piernas y el culo anestesiados. El tiempo pasa y mi culo no despierta. Sobre las seis y media me empiezo a sentir mal, la zona inguinal y la zona de la riñonada me duelen cada vez con más intensidad, y llega un momento en que no puedo soportar el dolor y llamamos a las enfermeras. Me palpan la zona y al momento observan que el problema viene de la acumulación de orina y que hay que tomar cartas en el asunto: como no me puedo levantar, ni puedo mear en el Conejo (vaya nombre de mierda) porque tengo la chorrilla dormida, la solución es sondar, ¡¡¡sondar!!!. Y me sondan. Yo colaboro bajando el pellejillo para que asome el capullín, y las muchachas meten un tubito fino que apenas siento y del que al de unos segundos comienza a manar pis. En un nada de tiempo sale por allí más de medio litro y yo siento un gran alivio: por fin podré irme a casa.
Aliviado por la descongestión urinaria, me levanto, camino un poquillo, voy al baño y meo otro poco, y con mucho cuidado y con la ayuda de la nena me visto y nos vamos. En un principio yo había decidido regresar en taxi, pero como me veía bien para caminar cambiamos el plan y fuimos al metro, al ascensor que hay justo enfrente de la puerta de la clínica. Nos bajamos en el Karmelo y poco a poco llegamos a casa. Una pequeña aventura, una odisea, jajaja.
Cenamos. Puré que dejé hecho el día anterior y huevos cocidos; jamón york y queso de Santi; un hambre de la hostia. Y, por fin, todo controlado, con un enorme pegote de gasas y esparadrapos tapando la cicatriz, que aún no había visto, me pongo el pijamilla y me dispongo a descansar y dormir. Media Dormidina y 1 gramo de Paracetamol me ayudan a pasar una buena noche.
Un día para el recuerdo.

#hernia - #operacion - #femoral

© Zalberto | enero - 2026