El misterio de los vascos resuelto por la ciencia
jueves, 06 de febrero de 2025

Publicación de Jesús Zugazaga Rique


Se trata de un trabajo científico firmado por los diecinueve miembros del equipo redactor perteneciente a la Sociedad de Estudios Aranzadi, parece que dirigido por Juan Luis Arsuaga, en el que se exponen las conclusiones, prácticamente definitivas, en respuesta a la eterna interrogante sobre nuestro enigmático origen. Es por tanto, un trabajo de trascendencia histórica, como dice Arsuaga, en este campo.
Es concerniente a las secuencias del genoma del ADN nuclear, no del mitocondrial, obtenido de los esqueletos de ocho individuos pertenecientes al Calcolítico o Edad del Cobre, hallados en El Portalón (Cueva Mayor) en Atapuerca y su comparación con los de diversas poblaciones europeas entre las que nos hallamos también los vascos.
Ha llegado a mi conocimiento merced a dos enlaces que han compartido en Facebook, entre el pasado domingo y lunes, nuestros amigos Jabier Aldekozea y Aitor Zamalloa, en los que es posible visualizar y escuchar un video resumen de dicho trabajo, presentado por el geo-arqueólogo, Eneko Iriarte, profesor de la Universidad de Burgos, y por, Juan Luis Arsuaga, como miembros del equipo mencionado, el 25 de febrero de 2016 en el Museo de San Telmo. Hace, por tanto, cerca de dos años.
Dada la trascendencia del mensaje que nos transmite dicha conferencia, y como quiera que no veo que las publicaciones referidas hayan suscitado apenas interés alguno, aunque pudieran haberlo hecho en la fecha de su primera difusión, lo cual desconozco, he pensado que sería bueno exponer un resumen de dicho estudio. Ahí va pues:
Este trabajo de investigación viene a decir que entre 7500 y 6000 años a. C. se inició una migración de pastores-agricultores neolíticos que partiendo del Próximo Oriente, entre Israel, Siria e Iraq, (Arsuaga habla también de Anatolia) ocuparon la ribera norte de la cuenca mediterránea y algunas áreas de Centro-Europa. Ni qué decir tiene que la afinidad genética de aquellas antiguas poblaciones migrantes con las actuales de aquellas mismas áreas, podría seguir existiendo en mayor o menor grado, o también pudiera ser que las poblaciones actuales contasen con tales aportes genéticos que su genoma se hallase sensiblemente separado del de aquellas.
Dicha ocupación fue lógicamente paulatina; a medida que la población iba creciendo; mestizándose con los naturales de los territorios que ocupaban; desmenbrándose y necesitando de más áreas a colonizar a medida que las anteriores quedaban saturadas; hasta que hacia 5000 a. C., al inicio de nuestro Neolítico, llegan a la Península Ibérica y los hallamos mestizándose genética y culturálmente con los naturales, cazadores-recolectores mesolíticos penisulares. Prueba de ello son las secuencias genómicas que se obtienen de los ocho individuos citados más arriba, que vivieron durante el Calcolítico peninsular en El Portalón de Atapuerca, que evidencian la intervención del genoma mediterráneo-oriental.
Parece ser, según los conferenciantes, y esto es lo más impresionante en mi opinión, que el genoma de aquellos habitantes calcolíticos ya mestizados de la sierra de Atapuerca, en Burgos; el de los vascos actuales; y el de los sardos de Cerdeña, coincide "plenamente", en el sentido de que ninguno de dichos genomas presenta ningún otro aporte: ni africano o berebere, ni caucásico, ni de las llanuras esteparias cercanas al Caspio, que el resto de las muestras europeas y de las diversas regiones españolas presentan. Evidentemente, la coincidencia no puede ser plena en el sentido absoluto del término, porque como los propios conferenciantes exponen: el genoma de los vascos actuales tiene más afinidad con el de las muestras calcolíticas de Atapuerca que con el de la población sarda actual; y asimismo el genoma de esta última guarda más afinidad con el de muestras de poblaciones neolíticas mestizadas en aquel prehistórico proceso de colonización, situadas más al Este, que con el de los vascos actuales.
Vuelvo a decir, por tanto, que los genomas de los vascos actuales y el de los sardos, coinciden, según los conferenciantes, en el sentido de que ninguno de ellos tiene otro componente genético añadido, más que el que se deriva del mestizaje inicial de los pastores-agricultores neolíticos de Oriente Medio con los cazadores-recolectores mesolíticos europeos o peninsulares, con las consecuentes diferencias en sus genomas, debidas al diferente grado de mestización.
Este hecho real evidencia lo siguiente:
1_ Que parece ser que hubo una continuidad genómica en las poblaciones de la ribera norte mediterránea y de gran parte de nuestra península, tras aquel citado largo proceso de colonización y mestizaje.
2_ Que tal continuidad fue rota, más bien deshecha, esto es algo que afirmo yo, por las invasiones indoeuropeas acaecidas a partir de inicios del II milenio a. C., de modo que a partir de entonces quedaron tan solo dos islas, la vasca y la sarda, como resto de aquella, llamémosle, cultura prehistórica mediterráneo-europea.
3_ Y que se puede concluir, según los conferenciantes, que vascos y sardos nos mantenemos en un aislamiento genómico de al menos 5000 años. ¡¡Asombroso!!
4_ Que es posible suponer, según los propios conferenciantes y sin dogmatizar sobre este punto, que nuestro idioma vasco actual pudiera tener afinidad, sin determinar en qué grado, con la lengua hablada por aquella población mestiza de, cazadores-recolectores mesolíticos peninsulares y pastores-agricultores neolíticos del Próximo Oriente.
Todo lo expuesto viene a certificar las afirmaciones de los doctos e ilustres historiadores y lingüistas que a lo largo de los dos o tres últimos siglos se pronunciaron sobre la existencia de una antiquísima y prehistórica cultura mediterráneo-europea que se habría expresado en una lengua con la cual el vasco actual se halla emparentado, A saber:
Manuel de Larramendi, Guillermo de Humboldt, Arturo Farinelli, Antonio Tovar, Julio Caro Baroja, Florencio Ansoleaga, Carlos Clavería, Telesforo de Aranzadi, Estanislao de Aranzadi, Florentino Castaños Garay, Martín de Ugalde, Bernardo Estornés, Carlos Caballero Basáñez, Juan Parellada de Cardellac, etc.
Y todo lo expuesto apoya también mi hipótesis de que la lengua hablada por aquella cultura prehistórica mediterráneo-europea debió dejar tal huella en la toponimia europea, que aun hoy día, después de transcurridos cuatro milenios, es posible descubrir o hallar el significado oculto de muchos o de una apreciable cantidad de esos topónimos mediante nuestro eskuera. Lo que vengo a demostrar en mi libro "La Lengua Vasca en la Toponimia Europea", en apoyo de las opiniones de los referidos lingüistas e historiadores, una decena de cuyos estudios etimológicos he venido publicando últimamente en este foro.
Tras esta exposición, parece obligada la pregunta sobre cómo logramos vascos y sardos un aislamiento genético de al menos cinco milenios, hasta nuestros días, sin que la ocupación romana, de ascendencia teóricamente indoeuropea, alterara nuestro genoma.
_ Una de la posibilidades que pudiera explicar este inusual hecho, es que pudiera deberse a que tal ocupación no hubiera supuesto una colonización de nuestros respectivos territorios por gentes provenientes de la Península Itálica, sino que tan solo se habría reducido a una ocupación militar, no habiendo tenido lugar por tanto un mestizaje significativo de poblaciones inmigrantes con la autóctonas.
_ La otra posibilidad es la de que habiendo tenido lugar tal colonización y por lo tanto una intensa relación sexual, obligada o no, entre autóctonos e inmigrantes, tales colonos no hubiesen sido portadores de un genoma distinto sino idéntico al de los naturales. Esto se explicaría, y ya lo apuntaron los propios conferenciantes, porque quienes vinieron como colonos habrían podido pertenecer también ellos a las estirpes autóctonas sometidas por las clases dominantes indoeuropeas romanas en la Península Itálica, genómicamente distintos por tanto a sus dominadores y sin embargo afines a nuestros ancestros sardos y vascos.

#vasco

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