D09-Guggenheim, castaña y chaparrón
viernes, 18 de abril de 2025

Un día que arrancaba con muy buenas perspectivas, pero que se fue oscureciendo a medida que las nubes también oscurecían el cielo hasta descargar con inusitada energía sobre las gastadas costuras de nuestras cristaleras, sorprendidas por la furia de los elementos; granizos y torrentes de agua. Pero no era así unas cuantas horas antes...
Raquel se levanta energética, alentada por esa vocecilla que le apresta a responder a la vida con decisión y con muchas exigencias, qué duda cabe, jajaja. Esta vez la voz está empeñada en que le dé un meneo bueno a la casa, que necesita una limpieza a fondo y que tiene encargarse ella porque su novio está muy limitado por el asunto «hernia». Así que Raquel se pone en plan «limpieza general» y yo aprovecho la coyuntura para proponer que saque mi cuerpo de casa y que deje a la muchacha a sus anchas (de esta decisión surgen los posteriores momentos complejos).
Me pongo ropa, me inserto los auriculares en las orejas y me las piro con viento fresco. Ascensores de Solokoetxe, Casco Viejo, Campo Volantín, Puente de Calatrava, Guggenheim. Volver al museo estaba escrito con letras doradas en mi escueta «agenda de pendientes»; hace poco anduve por allá y me quedó sin ver la exposición de dibujos de Budapest, o algo así, y tenía que volver y volví.
De la visita ha colgado una buena cantidad de fotos, que aún he dejado sin colgar unas cuantas. He fotografiado obras de arte y momentos humanos y rincones geométricos y sombras y luces. Las exposiciones no me han defraudado, me han encantado; y todavía aquello da como para volver a echar otros vistazos.
Cuando el museo da muestras de empacho de personal turístico, pongo pies en polvorosa y salgo al aire; me instalo en una mesa de la terraza y con un zurito tostado en la mano me dispongo a jugar con las fotos; lo de siempre, un poco de Instagram, un poco de snapseed, y en ese plan. Me siento en esos momentos en la puta gloria: relajado y entregado a mis placeres artísticos.
Son las doce y algo cuando llamo a la nena y le comunico que voy para casa. Mi idea es coger bien autobús en Alameda Recalde, bien metro en Plaza Elíptica; pero al pasar ante el nº 21 de Iparraguirre capto de reojillo que en un local de tipo «institucional» hay algo así como una exposición de arte y tal. Retrocedo unos pasos y lo que veo confirma mis sospechas; entro. Efectivamente es una galería de arte y hay una exposición; o sea que para dentro que voy.
La obra expuesta es de un tal Eguillor, un renacentista bilbaíno que además de original es muy prolífico. Las paredes están repletas de dibujos, montajes y de todo; una pasada. Me entretengo unos minutos, pero tengo prisa. Salgo y me digo a mí mismo que he de volver al menos una vez más; la exposición está hasta más allá de septiembre. También he colgado algunas fotos.
Pues metro y a casa. Antes de subir me paso por TeleNécora a comprar una botella de tinto Rioja (7€) y una ración de caracolillos (8€).
Abro la puerta de casa y me encuentro a Raquel con musiquita de boleros y en ese plan, tan feliz ella, preparando la comida. Está preparando la comida: patatas con bacalao (le han quedado medio bien, el bacalao con la piel y un poco seco, el caldo soso y no mucho; pero se dejan comer muy a gusto).
No hay que ser un lince para darse cuenta de que la nena se ha puesto en «modo fiesta»: sus cancioncillas de siempre, su vinitos variados y remata sacando la guitarra de su mausoleo de reposo eterno ¡¡¡!!! Esto es definitivo, por lo que no lo dudo: pido permiso para irme a la cama a descansar mi cuerpo convaleciente; sé que le va a parecer de puta madre, pues así podrá agarrarla a sus anchas (cosa que hace con gran maestría).
En la cama me entretengo viendo el partido del jueves de la UEFA: la victoria del Athletic contra los escoceses del Rangers por 2-0, con goles de Sancet (P) y Nico Willians. Y tras el partido zapping variado.
Raquel pasa la tarde con la guitarra y plimplando en exceso.Cae una granizada tan gorda que se nos inunda el salón, hay que hacer algo para evitar que se filtre el agua por la puerta y las ventanas, cambiar las gomas por ejemplo. Tachón se queda sin línea, avería en la central; subsiste con el móvil. A media tarde el cielo se despeja y la tormenta se deshace.
Para cenar recurro a algo habitual: tortillas francesas, la de Raquel con un par de quesitos y la mía sin nada pero acompañada de trozos de queso fresco de Santi.
Raquel se acuesta menos mal...
Yo me quedo viendo tele, Equalizer (Denzel Washington) son hostias y muertos coreografiados.
Un día extraño en el que he subido un montón de fotos tratadas en tres tandas a Instagram, disfruto con ello bastante, puede que lo mejor del día, el que lo quiera ver que lo mire.

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© Zalberto | enero - 2026