 El periodista César González-Ruano, afilado columnista, dijo de Rafael Sánchez Mazas que su "poca obra" y su "escasa realización, tanto en lo político como en lo literario", limitaron su ascendencia. Umbral escribió que tenía "un gran violín literario y poca gana de tocar". Y el propio Sánchez Mazas, fundador de Falange, admitió que había en él "un elemento nativo de pereza, un gusto por preferir la vida cotidiana, corriente, sobre el trabajo literario". Quizá esto explica por qué el padre de Rafael Sánchez Ferlosio, a diferencia de otros ideólogos de la primera hora del falangismo como Giménez Caballero, Ridruejo o Ledesma Ramos, no disponía de una investigación que tratara su figura en profundidad. Hasta ahora.
Maximiliano Fuentes Codera, historiador y profesor de la Universidad de Girona, aborda en Sánchez Mazas. El falangista que nació tres veces (Taurus) una prolija y bien hilvanada biografía sobre quien fue escritor, pensador, activista y, sobre todo, mano derecha de José Antonio Primo de Rivera. En suma, el ideólogo del movimiento falangista sobre cuya base doctrinal se asentó el Estado franquista.
El título alude a tres nacimientos: primero, el biológico -nació en Madrid el 18 de febrero de 1894-; segundo, el que le permitió escapar de un fusilamiento masivo en un bosque cercano al santuario gerundense de Santa María del Collell; y tercero cuando Javier Cercas rescató su figura en Soldados de Salamina en 2001, obra que luego David Trueba adaptó con tino al cine.
A partir del seguimiento de la trayectoria vital de Mazas, el autor traza un relato histórico que permite entender el contexto político en el que eclosionó el falangismo. "Es una persona clave en la arquitectura ideológica de Falange, pero es también un desconocido. Escribió pocos libros y no dejó archivo personal. La visión de su obra ha estado siempre condicionada por el hecho de que mantuvo una granítica ideología fascista hasta el final de sus días", explica Fuentes.
Tras estudiar Derecho en Madrid y trasladarse a Bilbao, su incursión como cronista fue decisiva en la forja de su pensamiento. El Pueblo Vasco lo envió a cubrir la guerra del Rif, en Marruecos, mientras Juan Ignacio Luca de Tena, hijo del fundador de ABC y con quien había entablado amistad, le designó en 1922 corresponsal en la Roma mussoliniana. Allí permaneció hasta 1929.
"Es una persona clave en la arquitectura ideológica de Falange, pero es también un desconocido", según su biógrafo
"Fue testigo del ascenso del fascismo y, además, se impregnó de la cultura romana", afirma Fuentes. Allí conformó una familia. Se casó con la italiana Liliana Ferlosio, con quien tuvo cinco hijos: Miguel, Rafael, Gabriela, Máximo y Chicho. La talla literaria de Rafael Sánchez Ferlosio o el compromiso antifraquista de Gabriela Sánchez Ferlosio, esposa de Javier Pradera, dan cuenta de la plural ramificación de la estirpe familiar. Fuentes admite que en el rastreo de las vicisitudes que atravesó Sánchez Mazas ha sido clave Rosario, su madre, quien "fue muy importante en su vida".
Cuando Sánchez Mazas regresó a Madrid ya era un reconocido articulista con firma en algunos de los principales periódicos de la capital y autor de una novela, Pequeñas memorias de Tarín, y del poemario XV sonetos de Rafael Sánchez Mazas para XV esculturas de Moisés de Huerta. En 1931 publicó, bajo el seudónimo de Persiles -delante del cual solía poner tres asteriscos (***)-, la obra España-Vaticano, un ensayo en el que, desde sus profundas convicciones religiosas, marcaba distancias con la democracia cristiana. "Su problema con la Iglesia es que rechaza que esta institución intervenga en política", puntualiza su biógrafo.
Siendo ya un escritor consagrado, conoció a José Antonio Primo de Rivera, después de que este le recibiera, junto a Eugenio Montes, en su despacho del número 8 de la madrileña calle de Alcalá Galiano. "Le vio como un líder desde el primer momento", según Maximiliano Fuentes. "Mientras bebían café, el hijo del dictador elogió las crónicas italianas de Rafael y se interesó por la situación política y el desarrollo del proyecto fascista en Italia. Rápidamente, la conversación derivó hacia los posibles paralelismos entre ese país y España".
Rafael Sánchez Mazas Franco revisa los planos de las obras del Valle de los Caídos en 1940 junto a varios ministros, entre ellos, Sánchez Mazas. EFE
Después llegaron más reuniones en cafés madrileños como el Comercial o el Europeo. Por aquellas fechas, Sánchez Mazas se convirtió en el "animador" de La Ballena Alegre, una tertulia que competía ideológicamente con otra que se reunía igualmente en el Café Lion, junto a Cibeles, y cuyo núcleo lo constituían José Bergamín, Federico García Lorca y Eduardo Ugarte. Recordaba Gabriel Celaya: "Nos conocíamos todos y nos insultábamos, pero era todo como un juego porque nos decíamos: '¡Cabrones! ¡Fascistas! ¡Rojos!'". Siempre nos estábamos insultando. O sea, no había hostilidad, era cosa de amigos, de intelectuales, de estudiantes".
"La experiencia italiana fue, junto a la marroquí, clave en su trayectoria", según Fuentes. Unidad, nación, soberanía. Son las ideas que asumió y que forman parte del fermento ideológico que llevó a Primo de Rivera, Julio Ruiz de Alda y al propio Sánchez Mazas a crear primero el Movimiento Español Sindicalista y después, a partir de octubre de 1933, Falange Española que, posteriormente, se fusionó con las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS). Una formación con vocación de milicia. La violencia "puede ser lícita cuando se emplea por un ideal que la justifique", proclamó José Antonio.
Sánchez Mazas "remitió los orígenes doctrinales de la Falange al Imperio español del siglo XVI, aunque su modelo siempre fue el de los Reyes Católicos". A juicio de su biógrafo, el ideario de Falange pivotaba alrededor de cuatro principios centrales: "Ultranacionalismo, populismo, comunidad nacional organizada y caudillismo". Una visión jerárquica, estatalizante, ordenada y conservadora del fascismo que, a la luz de los análisis que dejó desperdigados en sus artículos y discursos, muestran "el hilo conductor entre el corpus ideológico de Falange antes de la Guerra Civil y el del partido único franquista".
"Remitió los orígenes doctrinales de la Falange al Imperio español del siglo XVI, aunque su modelo siempre fue el de los Reyes Católicos"
En las elecciones de 1936, Falange -con apenas 5.000 militantes- no obtuvo representación parlamentaria. Y Sánchez Mazas recabó el apoyo de tan solo 3.523 electores en Madrid, frente a los más de 200.000 del PSOE y los 180.000 de la confederación de derechas CEDA. Lo que permitió a estas siglas su despliegue como un partido de masas fue su cooperación directa en el golpe de Estado que precipitó la Guerra Civil. Y ello pese a la decisión de Manuel Azaña de dejarlo fuera de la ley tras el intento de asesinato del diputado socialista Luis Jiménez de Asúa.
Tal como ha matizado en más de una ocasión el historiador Joan Maria Thomàs, autor de ensayos imprescindibles para entender la Falange, la paradoja fue que cuando esta formación había comenzado a ser un auténtico partido de masas fue absorbido en uno nuevo creado por el caudillo, quien además se autodesignó su jefe nacional, tras la unificación con la Comunión Tradicionalista.
"En Falange -matiza Fuentes- había diferentes subfamilias. A Sánchez Mazas hay que encuadrarlo en un monarquismo y un catolicismo muy profundo". Su mayor aportación no se plasmó solo en el ideario, sino en la simbología que acompañó al régimen hasta su ocaso. Acuñó el lema "¡Arriba España!" y participó en la formación de la imagen del yugo y las flechas. "Si Franco llegó a aguantar 40 años en el poder fue gracias a personas como él. No lo digo desde el punto de vista del entramado del poder, pero sí en el plano simbólico y cultural", asegura el historiador.
Rafael Sánchez Mazas Rafael Sánchez Mazas, en una foto como ministro sin cartera en 1940. EFE
Al estallar la Guerra Civil, Sánchez Mazas se refugió en la Embajada de Chile en Madrid, donde escribió la novela Rosa Krüger, que se publicó póstumamente en 1984. Intentó huir de España, pero fue interceptado en Barcelona y trasladado, en enero de 1939, al Monasterio de Santa María del Collell (Girona), habilitado como cárcel. Ese episodio, que Cercas lleva a la literatura, le hizo volver a nacer. Ante el avance de las tropas franquistas, Sánchez Mazas y otros presos fueron llevados al interior de un bosque cercano para ser fusilados; sin embargo, consiguió zafarse y se escondió entre la maleza hasta la llegada de las tropas nacionales.
Durante esos días llevaba consigo una libreta de tapas negras a la que Fuentes ha tenido acceso. "Contenía algunas anotaciones personales, también sobre lo que iba viendo cada día, y una especie de salvoconducto para ayudar a los tres amigos del bosque y a la familia de la casa que lo había acogido".
El autor se sirve de su proximidad a diversas fuentes en Girona para escarbar en este episodio, pero también en el periodo en que Sánchez Mazas estuvo preso en el barco Uruguay. "Es un personaje que desaparece durante la guerra, lo que no le impide ascender a la categoría de mito, y con ello impulsar su carrera política", dice. Ya en el poder, Franco lo nombró ministro sin cartera en agosto de 1939. Tan solo aguantó un año. "Lo echaron, aunque luego dijo que le aburría la política institucional. Se quejaba incluso de los caramelos que Franco ponía en el Consejo de Ministros. La realidad es que se enfrentó a Serrano Suñer", revela Fuentes.
"Sólo aguantó un año como ministro. Lo echaron, aunque dijo que le aburría la política institucional. La realidad es que se enfrentó a Serrano Suñer"
Culturalmente, bebió de Eugenio D'Ors, escritor catalán proscrito por el nacionalismo y a quien tuvo como su maestro, y su modelo siempre se aproximó al ideal de Tomás de Aquino. "Detestaba los ideales de la Revolución francesa tanto como el modelo de democracia liberal y el comunismo", anota el autor de su biografía. Después de la guerra siguió colaborando con ABC y Arriba, pero la faceta de escritor solapó a la de político, hasta el punto de descollar en 1951 con La vida nueva de Pedrito de Andía, su obra más popular, en el mismo año en que fue nombrado presidente del Patronato del Museo del Prado.
La publicación de Fundación, Hermandad y Destino, un recopilatorio de sus textos políticos -escritos antes de la guerra-, "acredita que nunca renegó de sus ideales" para el biógrafo. Sánchez Mazas murió en su casa de Madrid el día que cumplía 72 años, el 18 de octubre de 1966. Jamás llegó a ocupar su asiento en la RAE, vacante durante 42 años. Sus poesías las rescató Andrés Trapiello en 1990. Y en 2014, al amparo de lo establecido en la Ley de la Memoria Histórica, el alcalde de Bilbao Ibon Areso, del PNV, ordenó la retirada de la placa que daba su nombre a un paseo en el céntrico parque de Doña Casilda. Su laminación escenificaba la última muerte del falangista que había nacido tres veces. |