 tiempo atrás, cuando la vida transitaba sin conocer horizonte ni punto de fuga, cuando los días al pasar generaban una montaña de incertidumbre, en esos días mi pluma se dejaba caer sobre el papel y se desbordaba en líneas desesperadas, sí, se había esfumado la esperanza [...] ésa es una forma de vida inteligente que está condenada a la extinción, como así sucedió un amanecer de invierno muchos meses y años después, una extinción que daba paso a nuevas especies evolucionadas desde el interior de la pasión y la confianza ciega en el amor [...] son instantáneas que vuelven a mí desde un tiempo que estando atrás parece estar delante, no hay certeza en la memoria y los recuerdos casi siempre son imperfectos, tendenciosos, traicioneros He ido en metro a Sani, para desde allá regresar a casa caminando. Al salir del subsuelo a la avenida en Sani me he dado de morros con Tachón, que iba a trabajar -y con una de las hijas de Iván, un bellezón-. He recorrido toda la avenida, por su margen derecha, hasta el puente de Deusto, donde he cambiado de margen. En la Plaza del Museo del Parque he bajado a la orilla de la ría. Puente del ayuntamiento, Corte Inglés -dos latitas para Indi-, Lefties -pantalón del color que aún no tenía, el más clarito; también me he probado la talla M que me vale pero me aprieta-, Primark -cinco camisetas de las de 2,5€ pero en talla XS, que ya me quedan guay-, puente del Arenal, Ibéricos -un solomillo de cerdo para la comida del día-, ascensores de Solokoetxe, El Palomar. En casa. Colada de almohadas para Órgiva, colada de ropas mías. Comida a base de ensalada verde -lechuga, rúcula, canónigos y cebolleta- y solomillo macerado en mostaza y finas hierbas, y asado en la Air Fryer; una comida deliciosa. Apalanque en la butaca leyendo mil tontadas en el móvil. Indi en mi regazo. Raquel a sus cosas de las tardes -curiosamente me ha llamado a eso de las ocho para decirme que no podía comprar el bacalao desalado con el que íbamos a cenar tortilla y tal, y que aún tardaría un rato porque estaba con Esther echando una caña, qué raro-. Como ya había pochado dos cebollas para la tortilla de bacalao, pues cambiamos el bacalao por una lata de bonito y solucionamos el plato principal; acompaño la tortilla con un tomate y un pepino, en platos separados y convenientemente aliñados con sal y aceite. En la cama tanteamos serie nueva sin éxito. |