D08- Comida en el Limonero
viernes, 30 de mayo de 2025

Un día fetén, caluroso y tranquilo, uno de los que yo deseo hacer modelo del resto de mis días, o de mis abundantes días; yo me entiendo.
A primera hora me he entregado con buen espíritu a la sesión de abdomen con Raquel y Maite. Hemos desmontado las sábanas para hacer la gimnasia en la cama y de paso darles un frescor acuático a las blancuras de la noche y la sobremesa. He hecho bastante cuello y pocos abdominales; es importante no abusar, que tengo una naturaleza tremendista y si me dejo llevar termino arrepintiéndome y pagando caro mis travesuras.
Al terminar la gimnasia he limpiado la piscina a conciencia, y me he metido un número de largos que se corresponden con mi récord de este período orgiveño; 42 largos, sin trampa ni cartón. Es gozoso dejar que el sol se encargue de secar la piel y de administrar su dosis de energía fundamental. Con delicadeza he extendido las húmedas sábanas sobre las cuerdas que yo mismo coloqué hace ya unos años -las cosas que hago a trancas y barrancas-. Con todas las ocupaciones de la mañana bien encaminadas, he podido por fin reordenar el porche para colocar la mesa plegable y la silla de plástico Alhambra, sobre la mesa el portátil y el ratón, sobre la silla mi culo en bañador verde desgastado por el sol; toca poner al día la bitácora, hoy no tengo que adelantar trabajitos en la cocina para preparar la comida, hoy no, hoy comeremos en el Limonero, si todo va como tenemos previsto.
La nena, cuando en la cabeza tiene el postit de salir a comer a mesa puesta, por lo que sea no ha dado la una y ya comunica que está libre de cargas laborales y que nos podemos ir cuando quiera -¿cuándo yo quiera? es irónica cuando quiere la chavala... jajaja-. Nada, al coche y al pueblo.
En el Limonero nos atiende el jefe, el argentino, tan solicito con nosotros como siempre - y con el resto de clientes también-. Nos sentamos en la mesa de siempre, junto a la ventana; encargamos una botella de blanco Calvente y analizamos el menú del día. Con el vino surge un inconveniente inesperado: sabe a corcho; me acerco a la barra y les comento el asunto, y, sin más, nos cambian a otra opción, un blanco Lovelia, que ya conocemos también. Y elegimos la comida...
Menú: tortilla trufada y croquetas de espinacas, presa con patatas, piña caramelizada.
Antes de cruzar el puente sobre el río Chico paramos en el checkpoint de Amazon que han instalado en la gasolinera nueva. Muy cómodo. Raquel retira un par de paquetes de sus cosas, jeje. y regreso al cortijo y siesta sin hora límite.
Cuando tarde ya extiende sus sombras en el jardín me entrego con entusiasmo a la tarea de limpiar el coche a base de manguera, silla y fregona con mocho amarillo. Tras unos cuantos sudores dejo el coche limpio, como los chorros del oro. Quiero que luzca bien ya que el sábado tenemos prevista salida a Torrenueva y Motril y no me apetece circular por el mundo con el Lodgy hecho unos zorros mosquiteros y polvorientos. Con la sudada aún instalada sobre mi piel me sumerjo en el agua clorada de la piscina y dejo que la piel equilibre la temperatura y me relaje como merezco.
Seguido preparo un par de tortillas francesas con guarnición de aguacate y tras pasar por el aseo prenocturno nos acostamos dispuestos a ver un poco la tele y dejarnos dormir como seres indefensos e inocentes... Raquel localiza una serie que lo mismo se deja ver: Murderbot / Matabot; ciencia ficción de las auténticas, con sus naves y sus planetas, sus androides y sus personajes complejos; ya veremos.

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© Zalberto | enero - 2026